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Yoga: los innumerables beneficios de una práctica saludable y ancestral

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Patricia Colli es profesora de Yoga Terapéutico, Dinámico, para Niños e instructora de Meditación. Referente local ineludible en estos temas, hizo una invitación a mejorar hábitos y ampliar la calidad de vida. Los beneficios a la salud según la ciencia, y la incorporación oficial de la meditación en las escuelas


Patricia Inés Colli es santafesina, profesora de Yoga Terapéutico, Yoga Dinámico  y Yoga para Niños. También, instructora en Meditación, numeróloga yóguica  y maestra en Registros Akashicos. Fue una de las organizadoras de la reciente celebración del Día Mundial del Yoga, que tuvo lugar un espacio abierto a la comunidad y a beneficio de la Cooperadora del Hospital de Niños, Dr. Orlando Alassia.

Los especialistas que participaron coincidieron en que esta disciplina “potencia la salud mental y física, aumenta el cociente intelectual, desarrolla la inteligencia corporal, mental, emocional y la empatía, mejora la memoria, alivia el estrés, la ansiedad y la depresión, reduce la presión sanguínea y aumenta la felicidad y el autoconocimiento

En el evento –que se desarrolló  el 20 de junio en el Mercado de Progreso con múltiples  prácticas de yoga de diferentes escuelas y estilos, guiadas por profesores  de la ciudad, entre otras actividades–, también se puso de manifiesto que el objetivo de estas prácticas van más allá de la búsqueda de beneficios personales: “Alentamos la conciencia y la ayuda mutua por el bien social. Por eso trabajamos a favor y junto a la Cooperadora del Alassia, como canal para llegar a los miles de niños, adolescentes y adultos de toda la provincia que acuden al hospital”, expresaron los convocantes. 

Concluidas las actividades Aire Digital dialogó con Patricia Colli quien desde su experiencia personal, formativa y profesional profundizó sobre los orígenes y beneficios integrales del yoga y la meditación.

Colli se licenció en Marketing y Administración de Empresas, pero no terminó de encontrar en ese campo un lugar para su completa realización, según se advierte en su relato. “Comencé a estudiar yoga porque mi intención era trabajar con los niños, creo que allí está la ‘semilla’, toda la capacidad del ser humano latente y por desarrollar”, dice en el cálido y luminoso espacio decorado con objetos e imágenes con simbología hindú en donde nos recibe.

«En determinado momento dije: “¿Qué estudio para poder trabajar con chicos? Y apareció el yoga en mi vida… Así, abriéndome otras puertas y ampliando mi visión”», sintetiza y se entrega al diálogo.

—¿Qué es el yoga? 

—Yoga deriva del sánscrito “unión”. Es un enorme cuerpo de preceptos, métodos, técnicas, modalidades, especialidades, escuelas, de carácter psicofísico y espirituales. Yoga es además el nombre genérico de los “diversos senderos de transformación de la conciencia”. Significa también poder reunir mi cuerpo, mente y emociones hacia una única dirección, en único propósito. En realidad lo que trata es de fusionar y lograr que esto ‘vaya parejo’, la unión de todo mi ser. Busca y permite conocer quién soy realmente. Hay personas que piensan que son el cuerpo físico, que son sus pensamientos. Yoga significa (e implica) también “unión dinámica, ‘atalajar’, integrar, atar juntos”, y varias connotaciones más.

«En muchas ocasiones al preguntar ¿quién sos? la mayoría empiezan a decir “soy abogado”, “soy contador”… Esa es una parte de tu personalidad. Pero sos padre, abogado, además de muchas otras cosas. Entonces lo que busca el yoga a través de diferentes prácticas es poder identificar “quién eres”, ir a lo profundo del significado», agregó.


El yoga busca  “reunir cuerpo, mente y emociones hacia una única dirección, en un único propósito”

Una mirada integral de los dolores en el “cuerpo físico”

—Patricia, ¿podría profundizar esta idea de que el yoga busca saber quién soy y qué implicancias tiene? 

—Hay personas que piensan que son el cuerpo físico, que son sus pensamientos, sus profesiones.  Saber quién soy, conocer quién soy realmente comprende también poder reunir mi cuerpo, mente y emociones hacia una única dirección, en un único propósito. Trata de fusionar y lograr que esto ‘vaya parejo’, la unión de todo mi ser. Identificar quién es uno es ir a lo profundo del ser a través de diversas prácticas.

—¿Busca “el ser” y no “el hacer”? Pero el hacer es inevitable, forma parte de la existencia misma. ¿No es un poco individualista esa mirada?

— No, porque en realidad tiene que ver con el autoconocimiento. Y esto está relacionado con lo que es la meditación, que es un estado de conciencia expandido. Muchas veces una persona dice “estoy meditando”, ¿cuándo sé si estoy meditando? Si yo estoy haciendo algo, en realidad estoy tomando una técnica para poder entrar en un estado del ser, para poder ser. Por ello la mayoría de las escuelas se basan en el yoga clásico debido a la comprobación de sus efectos, a través de los siglos. El yoga moderno se basa más en el aspecto de las asanas (posturas) y por eso en apariencia se trabaja mucho el cuerpo físico. Pero nosotros somos cuerpo, mente y emociones. 

“El cuerpo físico –destacó– comienza a generar ciertas corazas, como capas, que me ayudan a subsistir a lo largo de mi existencia. Cuando soy chico genero una capa por miedo a una cosa y a otra; y así cuando soy adulto me paro de una manera, camino de otra, tengo mis cargas en diferentes partes del cuerpo y provoco bloqueos por diferentes situaciones de la vida, algunas en forma de tensión, dolor, contracturas y otras prolongadas en el tiempo como enfermedad”.

—¿Y cómo se trabaja sobre eso?

—¿Qué se dice en yoga? Que la energía tiene que circular. Estos bloqueos generalmente aparecen en las articulaciones y lo que generan por un lado es exceso de energía y, por otro, escasez. El yoga pone en juego diversas acciones para poder liberar estos canales, desde lo físico, energético y emocional para que la energía circule, ya que todo está enlazado. Una de las herramientas fundamentales para mí es la respiración. En mis clases lo primero que enseño es a aprender a respirar. Y recién ahí podemos ir avanzando en las prácticas. Con la práctica y el desbloqueo físico se abre la respiración, se empieza a hacer más amplia y completa, la mente se expande, las emociones se liberan.

“Vivir la emoción, aceptarla y transmutarla”

Patricia Colli explicó que las distintas posiciones físicas que se adoptan en la práctica de yoga, o en el desarrollo de una clase, provocan diversas emociones y que ese es un punto central sobre el que se trabaja, en una dinámica en la que lo físico abre paso a mejoras en lo emocional y viceversa.

«Hay posturas que generan una emoción determinada: las de equilibrio, por ejemplo, muchas veces provocan bronca o impotencia por no poder sostenerlo. Entonces desde el yoga enseñamos a vivir la emoción, a aceptarla y transmutarla. Yo le digo a mis alumnos “viví el enojo, viví la bronca, pero luego dejala ir…”. Aparece la bronca, acepto que tengo esa bronca pero luego trato de liberarla, porque si sigo sumando termino sintiendo furia al final de mi día, y salir de esa emoción extrema es mucho más difícil que haberla resuelto antes»

Y enfatizó la profesora: “¿Entonces en qué me ayuda el yoga? A poder reconocerme, a darme cuenta que no soy santo, que no voy a estar siempre feliz. Con diferentes prácticas abrimos bloqueos y esas emociones se liberan”.

Meditación en las escuelas

—Hay estudios que sostienen que mediante el yoga, la meditación y la oración, se activan zonas o procesos del cerebro que son beneficiosos, algo que en otras situaciones diarias no siempre ocurre ¿Cuál es tu conocimiento y experiencia sobre eso?

— Efectivamente. Investigadores han hecho estudios con monjes budistas y otras personas en procesos meditativos, comprobando el efecto positivo de dicha práctica. López Rosetti, por ejemplo, hizo una experiencia en Buenos Aires sobre meditación en escuelas de diferentes estatus social y lo puso en práctica con los casos de bullying y de no violencia. La neurociencia pudo encontrar mediante estudios de imágenes y otros que, a través de la meditación, hilado con la respiración y otras prácticas, se pueden inhibir partes del cerebro donde están alojadas las emociones más primitivas e instintivas, por ejemplo la ira, según Estanislao Bachrach y otros científicos. LLevaron adelante ciertas experiencias y al ver los resultados positivos diseñaron una plataforma digital a la que pueden acceder docentes de escuelas, donde los capacitan gratuitamente, para poder hacer meditación en la escuela.

El Programa Nacional de Meditación en Colegios (PROMECO) es un curso de curso de capacitación gratuito y online para docentes de colegios públicos y privados de todo el país, para la aplicación de técnicas de meditación.

Este programa forma parte de la Unidad de Bioética de la UNESCO, dependiente de la cátedra de Bioética de la Universidad de Haifa, Israel; con sede en el Hospital Central Municipal de San Isidro cuyo Director es el Dr. Daniel López Rosetti.

En palabras del reconocido médico, el programa de meditación en colegios “fue desarrollado en el Servicio de Medicina del Estrés del Hospital Central Municipal de San Isidro (servicio del que él es jefe) y desde el 2015 hemos capacitado a más de 2000 docentes en todo el país, para que ellos mismos dirijan la técnica con sus alumnos, dentro del aula, en la institución escolar donde desempeñan sus tareas”.

“Las evaluaciones realizadas demostraron resultados altamente positivos, como la mejora de la atención, concentración, estudio y memoria. También se observó como efecto agregado la mejora de la relación vincular con el docente tanto en el plano cognitivo, como de orden afectivo. Resulto evidente el condicionamiento emocional positivo, evidenciado por cambios conductuales, emparentados con la paz, la serenidad y la calma”, destacó López Rosetti.

Desde el 2016 la UNESCO reconoció como programa de interés a PROMECO por el trabajo por la paz y la integración social.

“Nuestro servicio se encuentra a disposición de todos aquellos docentes y colegios que se inscriban a los efectos de alcanzar a través del esfuerzo común los beneficios de las técnicas de relajación psicofísica y meditación para el control del Síndrome del Estrés, la mejora del rendimiento escolar y la calidad de vida”, concluye López Rosetti invitando a inscribirse en esa iniciativa libre y gratuita.



Experiencia en jardines y colegios

Colli, quien también es profesora de Yoga para Niños e instructora de Meditación, intervino y brindó charlas vinculadas a esta disciplina, meditación y otras para docentes o alumnos, convocada por instituciones educativas como Jerárquicos, en la escuela primaria de la UNL, en otros jardines de infantes de la ciudad y  en una escuela de baile.

“Brindé también una capacitación teórico- vivencial para docentes de primaria y nivel inicial hace dos años, como una primera mirada para que ellos puedan tomar técnicas de yoga y luego trasladar al aula. El año pasado trabajamos puntualmente sobre las emociones”, dijo.

Y agregó: “Después estuve en la escuela primaria de la UNL. Para el Día del Niño, querían hacer algo diferente que no sea el picnic tradicional. Entonces dividimos en tres grupos, 1°,2° y 3° grado; 4° y 5°, 6° y 7°. Algunas maestras de los grados más chiquititos se emocionaron mucho, porque para trabajar con niños, más allá de que te tiene que gustar, tenés que ponerte a su nivel, tenés que conectar”, destacó y señaló  la necesidad de que los padres también vivan esas experiencias y lleven a sus hijos a formarse en estas disciplinas “pero no por moda o para que ocupen su tiempo libre, sino porque la infancia es el mejor momento en donde empezar en este camino que solo les traerá beneficios”

—¿Cómo se le enseña yoga a un niño?

—Desde lo lúdico y mucho desde las emociones. Que sienta y exprese lo que le pasa, que viva la emoción, que la reconozca. “Me enojé”, está bien, enojate, pero dentro de un rato se te tiene que pasar, la cambiamos por la otra polaridad. “Estoy triste”, perfecto, viví la tristeza, pero también hay alegría y hacia allí vamos.

«Si a un niño le das herramientas desde pequeño para poder manejar las emociones, entenderlas, ponerle nombre y apellido, y una técnica para poder salir de esa emoción, transmutarla hacia una más saludable, sentirla en el cuerpo, es fundamental. Nosotros le decimos “¿en qué parte del cuerpo la sentís?”. “¿Qué color te aparece en ese momento?”, entre otras formas. Entonces, desde esa memoria la puedo alivianar, del enojo puedo logar que no llegue a la furia que nos hace mal de grandes», dijo Patricia Colli.

Y agregó: “Otro aspecto fundamental, que lo vuelvo a repetir, es la respiración. Cuando atravieso un proceso de dolor, me tienen que pinchar el dedo, poner una inyección, me duele la panza, respiro, respiro y respiro… Los chicos lo adoptan solos, para ellos es más simple y natural. Y tienen más facilidad para aprender todo”.

—Mas allá que usted tiene la convicción de que “hay que empezar por los niños”, ¿había algo vocacional, notó que era una forma de conocerlos y ayudarlos? 

—Para ayudarlos, para darles herramientas. En realidad pasa con los adultos también, pero en  otra sintonía. De chiquitos es más fácil aprender, están abiertos, sin prejuicios y absorbiendo absolutamente todo en todo momento. He dado clases, he hecho prácticas en escuelas, que me han dado la posibilidad de experimentar momentos únicos.

La historia y la filosofía que la sustentan

—¿Cómo nace el yoga y se introduce en el mundo occidental?

—Algunos autores consideran que tiene una antigüedad de más de 5000 años A.C, aproximadamente, ya que no existe documentación que pueda darnos coordenadas espacio temporales exactas. Se han encontrados restos arqueológicos con figuras, estuillas de cerámicas en posturas de yoga y meditación. India tuvo muchas invasiones que fueron modificando las prácticas. Inicialmente se dice que esta práctica era matriarcal pero con esas invasiones, sobre todo la de la cultura Aria, se transforma en patriarcal. Solamente los hombres podían hacer prácticas de yoga; las mujeres si lo hacían tenían que estar encerradas, no en público. Desde antes del 1800 A.C, los conocimientos se transmitían de manera verbal, de maestro a discípulo; recién desde los 1800 a 500 años A.C., en la época Védica, la palabra cobró forma y es allí donde encuentran los primeros escritos indoeuropeos.

“En el año 250 A.C aproximadamente, la época del Yoga Clásico, está marcada por la aparición de los Yoga Sutras de Patanjali, el primer método o sistema codificado, basándose en los conocimientos y la experiencia de los yoguis. Se trata de un importante texto sánscrito compuesto de aforismos, o “sutras” acerca de aspectos filosóficos de la mente”, agregó Colli.

—¿Quién fue Patanjali?

—Hay versiones que sostienen que Patanjali era una sola persona y otras que fueron varios maestros que asumían ese nombre. Se especula que vivió entre el 200 A.C y 200 D.C. Sabemos  poco de su historia y se han encontrado algunas contradicciones. Lo cierto es que desde allí se codificó toda la enseñanza del yoga. Mediante ese Sutra, que significa “línea” o  “hilo” o “cuerda”, el alumno comprendía todo el conocimiento del maestro, y de allí nace el yoga clásico. El sutra codifica y condensa una enseñanza. Se adoptaba este sistema de escritura ya que no existían los libros aún y las personas tenían que recordar para pasarlas de generación en generación. Prácticamente todas las escuelas se basan en estas enseñanzas del Yoga Clásico.

Patanjali en los Yoga Sutras estableció ocho pilares para el bienestar y la purificación del cuerpo, mente y alma, y es considerada considerada la obra con más autoridad en la materia y  de indiscutida referencia en todas las tradiciones y corrientes del Yoga.

“Los ocho pasos son la base del Yoga Clásico. El primer paso es Yamas, tiene que ver con los códigos éticos de convivencia, y dentro de él, el primero es Ahimsa, la no violencia, yo tengo que empezar con vivir la no violencia, para mí y para el resto, desde lo que pienso, digo y hago, lo que consumo o le hago al otro, de ahí arrancamos. El que sigue es Niyamas, tiene que ver con todo lo personal e interno, empieza con la limpieza de cuerpo físico y mental, etcétera”, explicó Patricia Colli.

Sintetizando, los ocho pilares del yoga son los siguientes: 

1. Yamas – Las cinco éticas sociales, configuran los requisitos iniciales de una actividad liberadora. Sensibilizan al hombre para que se aleje de las tendencias o instintos:

a) Ahimsa – No violencia en la acción, habla y pensamientos

b)Satya – Verdad, no mentir.

c) Asteya – No robar

d) Brahmacharya – Tiene dos significados: Sumergirse en el conocimiento de la Conciencia Divina. Celibato (moderación en todos los placeres)

e) Aparigraha – No apegarse.

2. Niyamas – Las cinco éticas y observancias personales. Este conjunto de instrucciones nos permite trabajar desde lo externo hasta la devoción:

a) Saucha – (pureza) Limpieza del cuerpo y la mente

b) Santosha – Contentamiento, permanecer feliz

c) Tapas – Austeridad y autodisciplina

d) Swadhyaya – Estudio del Ser, sumergirse en el Ser

e) Ishwarapranidhana – Rendirse ante Dios, honrar lo Divino

3. Asanas – Posturas de Yoga

4. Pranayamas – Regulación apropiada de la energía vital (Prana) a través de ciertas técnicas de respiración

5. Pratyahara – Llevar los sentidos hacia dentro, absorción.

6. Dharana – Foco único, concentración

7. Dhyana – Meditación

8. Samadhi – Fusionarse con el Ser: un estado super-conciente más allá de las palabras.

Finalmente,  Patricia Colli  hizo una ‘invitación’ a todos los que quieran experimentar los beneficios integrales que pueden encontrar en el yoga y en la meditación, “en los diversos espacios de formación que hay en Santa Fe. Si no tuvieron una primera experiencia satisfactoria en algún lugar, hay muchos otros con profesionales muy formados y con muchos años dedicados a la docencia. Vale la pena conocer y transitar por estas experiencias. Darse esa oportunidad” concluyó.


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