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Una prueba que derrumba la coartada de Cristina y su ex canciller

El fiscal Pollicita usará el dato para pedir indagatoria de la ex presidenta y Timerman.

La confirmación de la negociación secreta de Héctor Timerman en Aleppo complica sustancialmente la situación judicial y política del ex canciller y de la ex presidenta Cristina Kirchner en la causa por encubrimiento que denunció el fiscal Alberto Nisman antes de morir en enero de 2015.

El gobierno de Cristina había desmentido con descalificaciones personales una primera información sobre esa reunión, revelada en 2010 por el fallecido periodista Pepe Eliaschev. Y había jurado a los familiares de los muertos en la AMIA que no iba a abrir ninguna negociación sin consultarlos antes.

El testimonio de Ahuad, junto a otras pruebas remitidas por las actuales autoridades de la cancillería y colegas por el fiscal Pollicita, fortalecen cada vez más la denuncia de Nisman en el sentido de que el pacto con Irán tenía como objetivo principal levantar las alertas que pesaban sobre 5 iraníes acusados de ser los autores intelectuales del atentado contra la mutual, cometido en 1994 por un comando de la yihad islámica de Hezbollah.

Hace unos meses la ministra de Seguridad Patricia Bullrich descubrió que las alertas rojas de Interpol tienen, después de la firma del pacto con Irán, una advertencia de que había una negociación en marcha, lo que flexibilizaba los controles migratorios sobre esos iraníes.

Por esa razón el Gobierno aprobó el nombramiento del diplomático Leandro Despouy en una oficina clave de Interpol y el fin de semana logró que se ratificaran las alertas rojas.

Ante este cúmulo de datos, el fiscal Pollicita y su equipo siguen juntando pruebas para pedir a fin de mes al juez Claudio Bonadio la indagatoria de Cristina, Timerman y el ex segundo de la AFI, Juan Martín Mena, entre otros, por el supuesto encubrimiento de los iraníes con la firma del memorándum.

Ese acuerdo se hizo luego de una reunión de Cristina con el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Y significó un giro de 180 grados en la política exterior argentina.

Hasta ese momento, todos los presidentes desde Menem habían mantenido el nivel de las relaciones diplomáticas en el punto más bajo (encargado de negocios) porque Irán no colaboraba con la causa: de 17 exhortos judiciales argentinos, sólo había contestado 1 para difamar a la Justicia.

Ante las sanciones de Estados Unidos y Europa por su plan nuclear, de la mano de Chávez Irán había comenzado una expansión comercial y política en América Latina. El conflicto con la Argentina era una traba.

La revelación de Eliaschev provocó una de las frecuentes y cínicas estrategias de desinformación de Timerman.

“No fue extraoficial. Esa fue una información falsa, fue una operación que se hizo en contra de mi viaje a Israel”, señaló en aquel momento desde Ucrania, donde estaba en visita oficial.

“Fue el oportunismo de un pseudoperiodista que no vaciló en decir cualquier cosa con tal de ofenderme a mí”, agregó Timerman, sin ponerse colorado.

En Ucrania participaba de una conferencia sobre seguridad nuclear a 25 años del catastrófico accidente de la central atómica de Chernobyl, junto a la entonces presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) Norma Boero.

Antes de hablar contra Eliaschev, Timerman le insinuó a Boero que iba a incluir una crítica a Israel y a EE.UU. La científica, conocida por su mesura y capacidad de negociación, le recordó que el programa nuclear argentino, al igual que el espacial, dependía de equipamientos y repuestos que vendía EE.UU. Y esa vez Timerman se moderó.

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