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Un ordenanza de colegio se emborrachaba y abusaba de su hija

Santiago del Estero - Las vejaciones que sufrió la víctima comenzaron cuando tenía apenas 5 años. La mujer comenzará a recibir asistencia psicológica.

Apenas tenía 5 años, cuando su inocencia quedó truncada de manera abrupta por una de las personas que debía cuidarla. Su padre, bajo amenazas, la abusaba sexualmente. Decidió romper el silencio y contó su calvario.

El dolor que siempre acompañó a un ama de casa de 35 años, residente en el barrio Tradición Oeste de la Capital, salió a la luz gracias a la intervención de los vecinos. Días atrás, la mujer estaba en su vivienda, cuando su padre de 67 años se presentó. Comenzó a insultarla y a exigirle que “se retirara de la casa”, mientras decía que “el terreno era suyo”.

En ese momento, los vecinos divisaron cuando el agresor manoseó los pechos de la mujer, la amenazó y luego huyó.
Ante la situación, una de las vecinas habló con la damnificada y le cuestionó sobre la situación vivida. De inmediato, la mujer reveló que “durante muchos años fue la esclava sexual de su padre”.

Su vecina la escuchó atentamente y luego alertó a la Policía sobre el hecho.
En el caso tomó intervención el personal de la División Trata de Personas, dependiente de la Dirección General de Investigaciones de la Policía de la Provincia. Los uniformados, en primera instancia, lograron ubicar a la damnificada y, posteriormente, se entrevistaron con ella. Le brindaron el asesoramiento correspondiente sobre la situación vivida y luego la invitaron a hacer la denuncia. La mujer aceptó contar su terrible historia de vida.

Todo comenzó cuando tenía 5 años. Vivía junto a sus padres en una vivienda del barrio Tradición Oeste, en cercanías al lugar donde actualmente reside. Su padre, una persona autoritaria y agresiva, consumía bebidas alcohólicas frecuentemente. El mismo trabajaba como personal de maestranza en un colegio del casco céntrico.

En primera instancia, los abusos comenzaron con manoseos. Ultrajaba a la niña —en ese entonces— aduciendo que “era un juego”. En tanto, le decía que “no debía decirle a nadie, porque era un “secreto”. Pero con el paso de los años, las vejaciones fueron agravándose hasta llegar al abuso sexual con acceso carnal. La madre de la denunciante tenía conocimiento de los abusos que sufría su hija. En varias oportunidades, fue testigo fiel de los ataques sexuales a la denunciante.

De acuerdo con lo manifestado por la víctima a los uniformados, el agresor la obligaba a ingerir bebidas alcohólicas. El primer cuadro alcohólico lo tuvo cuando tenía 10 años. Mientras sus hermanos mayores se casaban y formaban sus familias, el calvario de la hoy madre de cinco menores y enferma de cáncer iba volviéndose cada vez más cruel.

Años después, su madre falleció a causa de una enfermedad terminal. La víctima en ese momento tenía 16 años. Tras la sepultura de su madre, quedó sola en la casa junto al abusador. El agresor aprovechaba cada oportunidad que tenía para ultrajar sexualmente a la víctima. Mientras sembraba el miedo en la víctima para que nunca lo denunciara. Pese a que la damnificada logró rehacer su vida y formar su familia, los abusos de parte de su padre no cesaron. Siempre temiendo de que la golpeara o que atentara contra la vida de sus hijos, guardó silencio. Hasta que radicó la denuncia y la Policía inició la investigación del hecho.

El caso fue denunciado en la División Trata de Personas por la mujer. La víctima recibe la asistencia psicológica correspondiente.

El ordenanza fue apresado en su cama 

Los uniformados de la División Trata de Personas y la Fiscalía de la Capital llevaron a cabo una minuciosa investigación, sobre cada uno de los pormenores del aberrante caso denunciado por la víctima.

Finalmente, se logró detener al sujeto: un ordenanza de un colegio del casco céntrico, de la ciudad Capital, de apellido Ruiz, de 67 años.

Ayer, los uniformados realizaron un allanamiento en el barrio Tradición Oeste, donde fue hallado durmiendo en su habitación. Fue esposado y trasladado a sede policial, a requerimiento de la Fiscalía de Capital. Será indagado los próximos y fue imputado del supuesto delito de abuso sexual con acceso carnal en perjuicio de la denunciante y que es instruido en la Fiscalía.

Quemada con cigarrillos y golpeada

La muerte de su madre fue el golpe más duro que sufrió en su vida la víctima. Quedó sola con su “verdugo”, quien no tenía piedad en arremeter contra la víctima. Abusos sexuales, maltratos psicológicos y agresiones físicas se convirtieron en una constante de su día a día.

El ataque sexual que marcó la vida de la víctima y la llevó a tomar la decisión de huir de su casa, se produjo cuando tenía 16 años. El sujeto le propinó una brutal paliza y luego la accedió carnalmente.
Tras consumado el abuso, la quemó con las colillas de cigarrillos, mientras le decía que “no lo denunciara nunca, porque iba a ser peor”. El agresor, de acuerdo con lo relatado por la damnificada, la sometía a malos tratos físicos y psicológicos, con el fin de someterla constantemente a sus más bajos instintos.

Ante esta situación, tratando de escapar de la realidad que le estaba tocando vivir, la mujer estuvo unos meses en la calle, en situación de indigencia. Pero tuvo que volver a la “casa del horror”, donde los ultrajes y el hostigamiento se repetían constantemente. Ni siquiera por el matrimonio que contrajo la víctima, en su mayoría de edad, cesaron los abusos de parte de su padre.

Intentó abusar de una hija de la víctima

Mientras la Policía y la Fiscalía llevan a cabo las averiguaciones pertinentes sobre los pormenores del aberrante caso denunciado y la víctima comenzó a recibir asistencia psicológica, se conoció que el agresor habría arremetido contra una de sus nietas.

De acuerdo con lo manifestado por la denunciante a los investigadores, una de sus hijas —menor de edad—. La menor le habría indicado que el sujeto había estado en su vivienda visitándola, donde aprovechó para manosear sus partes íntimas.

Según reveló la menor, el ataque que sufrió se habría producido en reiteradas oportunidades, por lo que “le tenía miedo”. El agresor, en todo momento, le decía a la víctima que “no le debía decir nada a su madre, porque ella la golpearía”. La mujer, tras conocer lo que le pasó a su hija, radicó la denuncia por abuso sexual simple.

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