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Un corredor de autos chocó a una alumna de la UCA y la dejó en estado vegetativo

El accidente ocurrió hace dos años; Macarena Mendizabal nunca más volvió a conectar con la realidad; la Justicia todavía no tomó declaración indagatoria a los acusados.

Con el puño cargado de impotencia y la mirada entristecida, José Luis Mendizabal, de 55 años, golpea suavemente la mesa ante el dolor de lo inconcebible: el hecho de que su hija Macarena, de 23 años y que hasta 2015 estudiaba psicología en la Universidad Católica Argentina (UCA), esté internada una vez más, tras haber sufrido un shock séptico durante la internación domiciliaria que su familia había logrado a partir de febrero de este año, después de haber pasado más de 500 días en distintos hospitales, como consecuencia de un accidente sufrido en 2015.

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Macarena Mendizabal, dos meses antes del accidente. Foto: Facebook

José Luis recuerda entonces que ya en febrero Macarena utilizaba una silla postural por no poder sostener su cabeza voluntariamente y que, desde ese fatídico accidente, nunca más pudo volver a conectar con la realidad. Macarena, que era una alumna aplicada y una apasionada del patín artístico, vive desde ese “famoso Pascuas del 5 de abril de 2015” con los ojos y la boca entreabiertos, sin posibilidad de hablar o expresarse y, su familia, sin saber si efectivamente ella siente, mira, oye.

Aunque a los 20 días del accidente Macarena ya respiraba por sus propios medios, dos semanas atrás fue internada nuevamente en grave estado y hoy está conectada a un respirador.

Más de dos años después del accidente, aún no hay condenados por el hecho. El proceso judicial avanza lento y ni siquiera se tomó declaración indagatoria a los involucrados.

Mientras Mendizabal intenta explicar a LA NACION lo que ocurrió esa madrugada de 2015, y cómo siguió la vida de su hija y la de su familia después de ahí, sus ojos celestes se empañan y se vuelven rojizos. Al otro lado de la mesa lo mira su ex mujer y madre de Macarena, Adriana Aruj, de 49 años. También están presentes en la entrevista una tía de Macarena, Vanina, y la abuela y tía abuela de Macarena por parte de madre.

“Ese fin de semana, como cualquier otro, fue con su grupo de amigos a bailar a un lugar de la Costanera. Se fue diciendo ´Hasta luego´… Hay partes de la temática del accidente que ni la mamá ni yo las tenemos del todo claras…Ella fue en su auto, porque como no ingería alcohol era la conductora designada siempre y, ese día, cuando salieron del boliche…”. Mendizabal relata en siete minutos ininterrumpidos todo aquello que pudo reconstruir junto a su familia sobre el accidente; también, cómo era su hija y cómo se encuentra hoy. El relato es desgarrador y lo cuenta con entereza, por momentos se emociona y confiesa que hacía mucho tiempo que no lloraba.

“Cuando salieron del boliche Maca les dijo a sus amigas que tenía que hablar algo con Ramiro (Sala Giménez), por eso se fue con él. Lo que no sabemos es por qué le dio las llaves de su auto a él”, agrega su madre. “¡Nunca le daba el auto a nadie!”, expresa Vanina.

Por algún motivo todavía desconocido, Sala Giménez estaba al volante del auto de Macarena al momento del accidente. Él formaba parte de un grupo de amigos que Macarena y sus amigas habían conocido durante el verano. Ese día se habían encontrado en un boliche que se ubicaba frente a Tierra Santa, llamado Mint, en la Costanera porteña. Se fueron juntos y, detrás, en otro auto, los amigos de ambos presenciaron el momento del accidente, que paralizó toda la Costanera.

Por el impacto, Sala Giménez dice no recordar nada de lo sucedido. Los Mendizabal le recriminan su poca colaboración con la reconstrucción del hecho y que se haya negado a hacerse el test de alcoholemia ese día, además de “no haberse acercado a la familia” después del accidente. “Te ve y se va escondiendo…”, dice Aruj. “La vez que quiso acercarse fue como muy asesorado por sus abogados”, agrega.

No obstante, el principal sospechoso de ser el responsable del accidente no es Sala Giménez sino quien conducía el auto que impactó contra ellos, un Honda Civic Si que, según pudieron reconstruir los padres de Macarena, venía haciendo zig zag desde la puerta del boliche Jet y habría cruzado un semáforo en rojo a alta velocidad cuando impactó contra el auto de su hija.

“Él se llama Santiago Edgardo Silvoso. Aparecieron chicos que vieron a este hombre haciendo zig zag a alta velocidad. Le hicieron el test de alcoholemia y dio positivo, tenía 1.46 de alcohol en sangre. Estuvo un día preso y después lo largaron”, comenta Aruj.

Recién el primero de junio próximo se tomará declaración indagatoria al acusado.

“Es un muchacho que no es tan muchacho, creo que hoy tiene 39 años, era corredor en ese momento de Fórmula 4 Metropolitana, un empresario, que nunca lo conocimos porque jamás se acercó a nosotros”, agrega Mendizabal, mientras explica que “según lo manifiestan siete testigos que declararon en la causa” Macarena y Sala Giménez estaban cruzando un semáforo en verde en Obligado y Pampa cuando “un Honda Civic Si, un auto que viene originalmente casi de carrera, los embistió del lado del conductor”. Entonces, explica: “Sabemos que por la fuerza misma de la inercia, por la fuerza que se produce en ese momento, el cerebro de Macarena giró adentro del cráneo provocándole lo que se llama daño axonal difuso”. Esa madrugada -dice- cuando su hija fue derivada al hospital Fernández dos médicas se negaron a operarla por el grave cuadro que presentaba. “Pero apareció un tercer neurocirujano, Victor Castillo, que decidió operarla y le salvó la vida. Ahí nosotros estuvimos 44 días, le tuvieron que practicar una craneotomía, le sacaron gran parte del cráneo para descomprimir la gran infección que tenía”.

Del Fernández Macarena fue derivada al hospital Italiano, en San Justo, partido de La Matanza -los Mendizabal son de Ramos Mejía-, luego, a una clínica de rehabilitación donde permaneció muy poco tiempo y, por último, antes de la internación domiciliaria, al Fleni (Fundación para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia) de Escobar, donde pasó 412 días. No lo hizo sola, sus padres siempre estuvieron con ella.

“Hay dos vidas. Hay una antes de esto y otra después de esto. Nosotros teníamos una vida hermosa. Nosotros estamos divorciados hace 20 años y a pesar de eso teníamos muy buena relación con nuestros hijos. Macu se las bancó todas.”, expresa el padre. Y cuenta que, antes del reingreso de su hija al Italiano, estaba viviendo en un country. “Los chicos (por sus hermanos) la sacan a pasear en su sillita y vamos aprendiendo día a día. Esto es lo que jamás en tu vida vos podés llegar a plantear que te puede pasar… Esto es el infierno mismo”.

En medio de la charla con LA NACION, Mendizabal se detiene y cuenta con orgullo cómo era su hija: “Macu era una nena hiper deportista, tenía pasión por el patín artístico, fue dos veces campeona nacional, estudiaba psicología en la UCA y era de los promedios más altos, tenía 21 años al momento del accidente. Destinaba varias horas por día al deporte y además se había encariñado mucho con un nene en un hogar de chicos de la calle que venía todos los fines de semana a casa. Macarena en su vida ingirió alcohol, en su vida fumó un cigarrillo, es decir que tenía un proyecto casi perfecto, tanto físico como intelectual…”.

“Nosotros no sabemos si ella nos ve o si nos escucha”, dice su mamá. “Pero creemos que nos escucha porque a veces hace respuestas a algunas órdenes, pero muchos son movimientos involuntarios”, agrega, y muestra un video donde se la oye hablándole a su hija sobre lo que ella tanto amaba: el patín. ´Volás. Cuando vos patinás, volás. Ya vas a volver a volar, mi amor, ya vas a volver a volar…´. “Se le acaba de caer una lágrima a Maca”, comenta en el video la tía Vanina.

“Yo digo que es un cuerpo que habla, por los gestos. En ésta última etapa había recuperado bien lo gestual, lloraba, lloraba con cara de llanto..”, agrega Aruj. “A veces te agarran dudas de si no llora por algo emocional…”, añade Vanina. “Por algo que escucha o que ve”, dice el padre, que explica que “cuando ella está bien, en ciertos momentos del día, tiene algún grado de comunicación. Por lo menos nosotros lo vemos así”.

Macarena pudo respirar por su cuenta a los 20 días del accidente. Pero no alcanzó. Craneotomía, replaquetación, traqueostomía, gastrostomía y shock séptico, son solo algunos de los términos con los que debieron familiarizarse los Mendizabal a lo largo de todo este tiempo. Y que Macarena sufrió en primera persona. Sus tres hermanos, tíos, primos, abuelos y amigos también padecieron como un suplicio interminable cada operación quirúrgica. Buscando fuerzas, se apoyaban también en la cadena de oración de Facebook que se creó en abril de 2015 para apoyar a la familia; y a la que se unieron más de seis mil seiscientas personas a través de las redes. El amor por Macarena primó sobre cualquier dificultad y de ello dan cuenta la mirada y las palabras de sus padres, que con enorme dedicación ocupan cada espacio de su tiempo en darle a su hija la mejor calidad de vida posible.

Mendizabal es dueño de una empresa química, pero admite que desde el día del accidente casi no tiene vida profesional. Y Aruj, “irónicamente, directora de una escuela de chicos discapacitados”, explica Mendizabal.

A partir del 12 de febrero de este año, y tras remodelar la casa íntegramente para adaptarla a su hija, la familia había logrado la internación domiciliaria de Macarena, que durante el día, en su silla postural, era integrada a la vida familiar. Esa fue la política que el Fleni les inculcó: “Los pacientes se levantan, no están en la cama”, también, que Macarena debía tener un orden marcado por rutinas.

“Así estuvimos bien hasta hace 15 días cuando producto aparentemente de un colapso de un pulmón con una neumonía Macu llegó acá casi muerta con muy poca presión arterial”, explican, sentados en la confitería del hospital Italiano de San Justo, donde está internada Macarena. Las abuelas contemplan la entrevista emocionadas y de manera inconsciente hacen gestos de negación con la cabeza. No pueden, aún, asimilar las dolorosas palabras que escuchan.

Cuando Macarena ingresó al hospital había sufrido un shock séptico, una infección generalizada que produce una falla multiorgánica dado que la sangre no llega a todo el cuerpo. Ese día debieron drenar uno de sus pulmones. “Ese pulmón sigue colapsado, no expandió a donde debería haber expandido, pero bueno… está tratando de pelearla como lo hizo toda la vida porque es un toro; y porque tiene muchas ganas de vivir”, dice su padre, que se emociona sobre el final de la oración.

Los médicos, cuenta Aruj, les dicen que se trata de un “cuadro neurológico irreversible”. “Todo lo que es neuronal, y el cerebro también, es un misterio y la realidad es que uno sigue luchando con la esperanza de que ella pueda llegar a conectar. Al principio las expectativas eran que Macarena con dificultad pueda llegar a caminar, ahora ya ni siquiera pensamos en eso, lo que queremos es que ella tenga calidad de vida hasta el último día de su vida y, segundo, que pueda manifestar lo que le pasa”.

“Para los médicos, donde tiene la lesión Macarena es en el agujero negro de la medicina del mundo -dice su padre-. La realidad es que ni siquiera en el Fleni -que es un lugar de excelencia- nadie se la pudo jugar a decir `ésto es para toda la vida´ ni nadie se la pudo jugar a decir que no lo era”.

El accidente y la causa judicial

“Hoy Silvoso está libre y anda por la vida como vos y como yo, está en los directorios de varias empresas; la principal es una que se llama Dantilo Sociedad Anónima que se dedica a hacer pisos antideslizantes e irónicamente la mayoría de sus clientes son hospitales”, explica Mendizabal. En la página comercial de la empresa, efectivamente se corrobora entre sus clientes a varios hospitales, entre ellos, al Hospital Italiano y al Fleni, además de a universidades como la UCA.

LA NACION se comunicó con la empresa Dantilo para corroborar si Silvoso efectivamente trabaja allí. A la llamada respondió él mismo. Aseguró trabajar en el lugar y prefirió no hacer declaraciones sobre la causa. “Es una situación bastante complicada pero al tema lo maneja Sergio”, dijo, en alusión a su abogado, Sergio Fernándo Curzi.

El letrado, en comunicación con LA NACION, expresó: “Se trata de un sumario manipulado por la Policía y de una falsa campaña de difamación, por la cual hay incluso denuncias penales en curso y por lo que solicito expresamente no se incluya el nombre de mi defendido en la nota para no contribuir con la maniobra mientras está en trámite”. Además, señaló: “el conductor Sala Giménez, que llevaba a Macarena, se encontraba alcoholizado, había pasado en rojo y, además, Macarena viajaba sin cinturón”. A los Mendizabal, que su hija viajaba sin cinturón no les consta, pues nadie se lo pudo confirmar. Tampoco que cruzaron en rojo.

Alejandro David, abogado de Sala Giménez, expresó a LA NACION los tres puntos que su defendido acordó junto a él manifestar: “A Ramiro éste hecho lo conmovió mucho y está dolido por lo que pasó. El siempre estuvo a disposición de la familia y de la justicia. Él está convencido de que el responsable penal es Silvoso, tal como además dictaminó la fiscal (Claudia) Katok, que pidió el sobreseimiento de él y la indagatoria de Silvoso”.

La causa está radicada en el juzgado en lo Criminal y Correccional 59, a cargo del juez Omar Osvaldo Fende, de la Ciudad de Buenos Aires. La Fiscalía es de Saavedra y está a cargo de Katok.

Curzi, además de negar cada acusación recibida por su cliente, se refirió al test de alcoholemia al que fue sometido su defendido ese día, y apuntó: “dado que fue contradictorio con el informe negativo del médico, se pidió un informe a profesionales de la UBA que determinó que la contradicción se debió a que el uso del aparato estaba contraindicado por su lesión en el estómago. Lo obligaron a hacerlo, para luego llevarlo al Hospital donde le abrieron el abdomen en una intervención quirúrgica”. Por último, sostuvo que “hay imágenes de las botellas de alcohol del auto de Macarena que la policía ocultó para encubrir la verdad”.

Esto fue negado por el abogado de la familia Mendizabal, Roberto Schlägel, quien explicó que dichas fotografías jamás fueron presentadas en el expediente. El letrado, que fue conocido en la agenda pública a fines de los 90, cuando estuvo preso en el marco del caso Cóppola II, agregó que Curzi “no presentó ningún testigo y no hay una sola prueba que sustente lo que está diciendo”.

El 25 de mayo a las 16 harán una marcha en Avenida de Mayo y Rivadavia, en Ramos Mejía, para pedir justicia por Macarena. “Lo único que queremos saber es la verdad”, reclama su familia.

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