Milagros y curaciones de la mano del padre Ignacio

Germán, Enrique y Marisa contaron qué les pasó cuando fueron a ver al sacerdote del barrio Rucci y cómo les cambió la vida.


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Enrique Crochet es médico y tiene 43 años. Vivió dos situaciones increíbles por recurrir al padre Ignacio.

Relata con emoción sus experiencias y lo hace en plural porque todo fue compartido por su familia. El primer «milagro» que vivió tuvo relación con una beba de pocos días. «Mi cuñada tuvo mellizos en San Nicolás; el nene nació bien, pero la beba no. Estaba muy grave y los médicos no podían diagnosticar qué pasaba. La internaron en neonatología y pasados algunos días llamaron a mi cuñada y le dijeron que la beba no quería vivir, que moriría en breve». Ante esa noticia, Enrique y su esposa no dudaron en recurrir a la parroquia Natividad del Señor. «Yo había ido alguna vez, pero por curiosidad», confiesa Enrique. Pero ese domingo lo hizo con una foto de la beba en el celular.PUBLICIDAD

«Cuando llegué a la iglesia, estaba abarrotada y me cerraron la reja en la cara porque ya no entraba nadie más», continúa. «No me iba a mover de ahí. Quedé colgado de la reja esperando a que empezara la misa. Y entonces sucedió algo que todavía me sorprende. Estaba escuchando por el altoparlante que el padre Ignacio decía cuáles eran las intenciones por las que iba a ofrecer la misa, y de pronto oí lo siguiente: «A vos Mariela Sofía, pronto tu nena va a estar con vos». No lo podía creer. ¡Estaba hablando de mi cuñada! ¡Yo no había podido entrar a la iglesia, no le había mostrado la foto, y tampoco es común un nombre como el de mi cuñada; hasta ahí podría ser sugestión, pero al otro día la nena estaba bien y mi cuñada se la pudo llevar a su casa», relata todavía emocionado, a pesar de que esto ocurrió en abril de 2009. Hoy esa niña se recuperó y no quedó con secuelas neurológicas.

Pero la experiencia de Enrique no termina ahí. Hace ocho años su papá empezó a sentir fuertes dolores de espalda. Como Enrique es médico, le indicó un calmante. Pero los dolores no cedían y al contrario, eran cada vez más fuertes. El profesional aumentó la medicación, pero no tuvieron resultados.

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«Recurrimos a un cirujano, quien le recetó una resonancia magnética y no se vio nada. Pero los dolores continuaban. Fuimos a otro médico especialista en columna y le pidió una tomografía. Ahí se vieron las imágenes de un tumor infiltrado en el pulmón izquierdo. «Mi papá salió del estudio y en broma preguntó «¿qué, tengo cáncer?» Le tuve que decir que todo indicaba que sí. En ese momento pensamos que no deberíamos decirle nada a mis hermanos (el más chico tenía 12 años) hasta que no supiéramos cómo lo íbamos a enfrentar», contó.

Enrique empezó a buscar médicos que pudieran atender el caso y recurrió a especialistas en cirugía torácica, quienes manifestaron que había que operar urgente. «Lo más probable era que tuvieran que extirpar el pulmón», explicó. Mientras Enrique estaba en la consulta con el cirujano y su papá, su hermana estaba en barrio Rucci rezando por su padre y con una foto que bendijo Ignacio. «Cuando vio la foto, el sacerdote le dijo a mi hermana que mi papá sufría pero no estaba enfermo, algo que no pudimos comprender hasta que salió del quirófano», sostuvo Enrique.

Los médicos no sabían cómo explicarlo, pero al salir del quirófano sólo repetían: «No sabemos qué pasó, no encontramos nada, tuve el pulmón en la mano y no había lesión».

Enrique interrumpió el relato emocionado. Esto ocurrió hace 10 años y hoy su papá está perfecto. No tiene nada y sigue tan bien como entonces. «Está impecable y nunca más tuvo dolores. Yo no me lo explico. Dicen que un milagro no es la ruptura de una ley natural, sino la aplicación de una ley superior y creo que es lo que sucedió en este caso», concluyó Enrique, quien aseguró que esos dos sucesos le cambiaron la vida. «Para mí fue vivir una experiencia de Dios muy fuerte, una oportunidad para profundizar en la fe; uno empieza a confiar un poco más en Dios», confió.

Otra historia es la de Germán. Es empleado de Tribunales y tiene dos hijos, a los que considera «milagros» porque con su esposa no podían procrear. «En el 2000 quedamos embarazados, pero a los pocos meses la gestación se detuvo. Luego lo intentamos durante ocho años sin éxito. En un momento me hablaron del padre Ignacio y fuimos a verlo», relató.

«Era 8 de septiembre, cuando pide especialmente por las embarazadas, y el 14 de septiembre mi esposa quedó embarazada de Nicolás, un chico grande y fuerte que hoy tiene 17 años».

Tremendamente agradecido, Germán comenzó a asistir a las misas para poder dar su testimonio junto con Nicolás. Y junto a su esposa empezaron a rezar por un segundo hijo.

Tres años más tarde asistieron a la ceremonia de Navidad y, al día siguiente, su esposa estaba embarazada de Josefina, contra todo pronóstico médico. En efecto, el padre Ignacio suele decir que la fe puede más que la medicina.

Pero eso no fue lo único que vivió Germán, quien junto a un intenso trabajo profesional también colabora en la parroquia de barrio Rucci.

Su mamá había sido operada por edemas en el cerebro y quedó casi sin habla. Un día, mientras estaba internada, Germán fue a una misa especial que celebraba el padre Ignacio para hombres, con una foto de ella y su hijo Nicolás.

«Estaba en la misa y cuando llegó el momento de la consagración me puse la foto en el pecho y pedí a Dios con todas mis fuerzas y con gran desesperación por lo que estábamos viviendo. Al terminar la misa el padre me preguntó por la foto y me la bendijo.

Cuando volví al sanatorio mi mamá estaba hablando con normalidad. No lo podía creer. Y ella me contó que se había dormido y que había soñado con Nicolás. Cuando se despertó hablaba bien y hasta daba órdenes a las enfermeras», contó Germán luego de este suceso «milagroso», que ocurrió hace ocho años.

Un caso más. Marisa sufría mucho porque no quedaba embarazada. Iba al padre Ignacio y él le decía que no tenía ningún problema. No obstante, el bebé no llegaba. «La última vez, al salir de la misa, nos dieron escarpines y elegimos color rosa. A los 20 días sentí unas molestias. Estaba embarazada de 21 días y de una nena» contó feliz, junto a Fátima, ahora de 8 años.

Estos son sólo algunos de las personas que rezaron con fe y, por medio del padre Ignacio, consiguieron lo que necesitaban y recalcan la gran ayuda espiritual que recibieron.