sábado, 19 septiembre, 2020

Los radicales le ganan de mano a Lifschitz y fuerzan nueva alianza santafesina para el 2021

El nombre lo pondrán los creativos. Probablemente ensayarán con “unión, liga o coalición”. O directamente la bautizarán como Unidad Santafesina, como ya propuso uno de los impulsores. La idea es dejar atrás varias palabras en la nueva denominación: frente, porque suena a conducción socialista; juntos o cambio, porque remite al Pro, y progresista, por razones obvias. En concreto, este martes, los principales referentes del radicalismo santafesino mantendrán una reunión virtual en la que se formalizará la intención de conformar una alianza multipartidaria para competir en las elecciones de 2021.

El lanzamiento pondrá en acto una iniciativa que ya se venía moldeando, y significará una suerte de intimación a Miguel Lifschitz para que se decida: o rompe con los sectores de su partido que no aceptan aliarse con el Pro, o se queda con el PS afuera de este formato. El plazo límite será abril del año próximo, y esperarán lo que haga falta porque consideran que el ex gobernador socialista es el “ancho de basto” en esta partida, porque es quien tiene los votos sin los cuales ningún armado tiene chances de ganar.

Y se entusiasman con sumar al intendente de Rosario, Pablo Javkin, a quien no imaginan volviendo al radicalismo, pero sí sumándose a un armado como éste que le garantice conducir el esquema electoral en Rosario.

Javkin y el diputado provincial Julián Galdeano. Al intendente de Rosario lo imaginan en el nuevo frente.

El propósito del Zoom del martes es juntar a todo el radicalismo que se pueda, para después intentar apurar los tiempos de Lifschitz. Participarán desde la pantalla casi todos los diputados de extracción radical, como Julián Galdeano; senadores como Felipe Michlig, referentes como José Corral o Mario Barletta; el presidente del comité provincial, Carlos Fascendini, y hasta el titular del comité nacional, Alfredo Cornejo, además de intendentes, presidentes de comuna y concejales distribuidos por toda la bota santafesina.

La idea ya venía insinuándose desde el resultado de las elecciones que consagraron a Omar Perotti. En ese momento, la oposición al peronismo se comprometió a trabajar por la unidad de fuerzas como la única manera de pensar en un triunfo en la provincia. El problema es que para eso hay que mezclar radicales, socialistas y aliados de Cambiemos. En la calculadora da, pero enfrenta demasiados reparos internos y se complica a la hora de armar un plan de gobierno.

Las elecciones del 2021 se proyectan así como un ensayo para el 2023. Y las cavilaciones ya tenían desde hace tiempo un plan, al que llamaban “frente de frentes”, o “frente extra large”, tal vez para diferenciarlo de lo que se denominó en los ‘90 Alianza Santafesina, una suerte de todos contra el peronismo. Ahora, desde la UCR decidieron no esperar a que el ex gobernador socialista mueva sus piezas, y tomaron la iniciativa de juntar fuerzas para darle forma a otra alianza a la que seguirán buscándole un mejor nombre.

¿Opositores unidos?

 La mezcla de radicales, socialistas y referentes de Cambiemos puede parecer insólita, pero el cálculo electoral suele hacer olvidar detalles programáticos. Para los mentores de esta empresa electoral, al peronismo unido sólo se le podrá ganar con la misma fórmula.

Con la calculadora en la mano, la idea empezó a ser agitada por referentes radicales de Santa Fe. Es que al partido centenario esta salida le resuelve la interna que los mantiene divididos entre los del frenteprogresista y los de Cambiemos.

En el peronismo ya tomaron nota y la posibilidad logró un efecto positivo. A pesar de las diferencias de matices o de cómo fueron integrados al gobierno de Omar Perotti, este desafío los obliga a replegarse.

“No estuvimos doce años para recuperar la provincia para ahora pelearnos por diferencias tan menores. Vamos a apoyar este gobierno hasta el final del mandato”, desafían desde sectores internos del peronismo no tan contentos con los espacios que les dio el rafaelino en su gobierno.

El problema aparece en el socialismo, donde está pendiente dirimir una interna de autoridades, a nivel provincial y nacional, que podría dejar al descubierto el descontento que esta propuesta les provoca.

“Estamos a favor de las alianzas, pero que no nos hagan olvidar que somos progresistas. Este frente que se propone nos llevará a aliarnos con la derecha y el macrismo al que tanto nos enfrentamos”, sostienen desde los sectores internos más díscolos.

El Partido Socialista debe renovar este año sus conducciones. A nivel nacional todavía preside Antonio Bonfatti, y a nivel provincial Enrique Estévez. El ex gobernador Miguel Lifschitz impulsa un acuerdo de unidad, pero muchos sospechan que es para llevar a cabo este plan de integración política, que llevaría a poner bajo la misma etiqueta frentista a dirigentes que no piensan ni parecido.

El ex gobernador Lifschitz y el senador provincial Felipe Michlig, en tiempos del Frente Progresista.

Los intentos de una vieja alianza

En el tramo final de su gobernación, Lifschitz se había empeñado en aprobar la necesidad de la reforma de la Constitución santafesina. Todos admiten que lo movilizaba más la posibilidad de habilitar la reelección del gobernador, y así un posible segundo mandato propio, que el resto de las cuestiones que se invocaron en la profusa campaña que hubo alrededor del tema.

Y estuvo muy cerca de lograrlo. Es coincidente el relato que se hace de las reuniones que mantuvo siendo gobernador con legisladores de todos los partidos en su casa de Santa Fe. “Nunca se usó tanto el quincho de ese inmueble como para la reforma”, comentan risueños varios de los que asistieron a esos encuentros.

El problema era que nunca se destrababa la posibilidad de un acuerdo. Hasta que el ex gobernador decidió saltar el cerco, cansado de los reparos especialmente del peronismo.

Y empezó una estrategia con los referentes del gobierno nacional que conducía Mauricio Macri. Con la excusa de acordar cómo se iba a pagar la deuda que la Nación tiene con la provincia en materia de fondos de coparticipación, el actual titular de la Cámara de Diputados se reunió varias veces con Marcos Peña, más de las que se conocieron.

En uno de esos encuentros, vio la luz al final del túnel. El operador macrista le dijo que contara con el apoyo de los diputados de Cambiemos, con los que entonces sí se podía lanzar a buscar el número que necesitaba para el consenso de la reforma.

El pacto fue más o menos así. Algunos cuentan que en el medio se llegó a negociar alguna flexibilización para el pago de la deuda de Santa Fe, en obras y a futuro. Pero en el fondo lo que más buscaba el macrismo era ver declaraciones de apoyo de Lifschitz y el socialismo a la gestión nacional.

Y parece que eso estaba prometido, aunque finalmente sus declaraciones no conformaron. Y el apoyo no se dio. Y la reforma no pudo ser y tuvo que ser archivada después de mucho fogoneo, con el marco de una formal y masiva reunión de legisladores y funcionarios. Pareció un renunciamiento, pero fue una imposibilidad.

Hoy, ese contacto vuelve a florecer a nivel provincial para potenciar este relanzamiento de una coalición. Una idea que en los 90 juntó a Horacio Usandizaga, Alberto Natale y Rubén Giustiniani, enfrentando a Carlos Reutemann.

Ahora no hay tanto. Ni de un lado ni del otro. Pero son varios los que apuestan a reeditar un formato retro para un futuro incierto.

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