viernes, 18 septiembre, 2020

Los caza abuelos: internaban ancianos en geriátricos y se apoderaban de todos sus bienes

El 24 de junio María Ascensión Brida, de 82 años, estaba en su casa con Silvia, su cuidadora o dama de compañía. Es que la mujer había enviudado hacía un par de años, y necesitaba que alguien la ayudara en los quehaceres domésticos y llenara un poco el espacio de su pequeño departamento de calle Ocampo al 1380 de Rosario.

Al promediar la mañana tocó timbre Beatriz Noemí B., una mujer de 63 años, con quien Brida había entablado un vínculo de confianza cuando la mujer la cargó en su taxi. Fue muy amable con ella, se mostró solidaria y dispuesta a ayudarla en distintas diligenciassobre todo porque la notó sola. Actos altruistas que no abundan.

En ese momento Beatriz le esgrimió a Silvia que debía llevar a María Asención a la Fiscalía para hacer una denuncia y “recuperar una casa que había perdido en otra situación”, pero lo hizo con modales imperativos, casi obligándola. La cargó en su taxi y la trasladó a una escribanía donde pretendía que le firmara un poder general de administración y disposición de bienes a su favor.

El taxi que fue utilizado para trasladar a la anciana.

El taxi que fue utilizado para trasladar a la anciana.

Un profesional que las atendió en la oficina sospechó de la situación. Por eso le explicó pausadamente a María que podía firmar el documento si estaba de acuerdo, pero también que podía negarse. Rápida, olfateó algo turbio de su “amiga”, y no rubricó ningún papel. “Yo no puedo certificar esto”, la miró y le dijo el escribano a Beatriz. La mujer se enfureció, tomó de un brazo a María y salieron del lugar. La cosa no terminó ahí.

El plan de la estafadora era más siniestro. Beatríz metió de prepo a la anciana en el taxi que manejaba, y en vez de llevarla de vuelta a su casa la trasladó al geriátrico Doña Maruca (Mendoza 6900). Tras hacerse pasar como familiar y apoderada, la dejó internada. Antes de irse firmó una declaración jurada, desembolsó 5.000 pesos y avisó que regresaría para traerle ropa.

María Asención quedó totalmente perturbaba y desolada. De pasar los días tranquilamente en su departamento del barrio del Abasto, en un abrir y cerrar de ojos quedó sentada en un sillón mirando la calle por los ventanales de un geriátrico. El mundo se le vino encima en menos de dos horas.  Beatríz metió de prepo a la anciana en el taxi que manejaba, y en vez de llevarla de vuelta a su casa la trasladó al geriátrico Doña Maruca 

Sin embargo le pidió al encargado del lugar, que por favor llamara urgente a un familiar cercano. El hombre notó que algo no andaba bien y se comunicó con María Gabriela, una sobrina, que enseguida alertó a otra prima y la rescataron del hogar. En el departamento de calle Ocampo esperaba Silvia, quien contó con detalles el ardid que un rato antes antes había desplegado Beatriz.

Recordó que después de dejar a la anciana en el hogar, la sospechosa volvió, abrió el departamento con las llaves de María y le dijo que se fuera con malos modales. Después se llevó un perro caniche, ropa, el teléfono celular, recibos de sueldo de la pensión y la jubilación, y una pequeña caja fuerte color roja de lata donde la dueña de casa resguardada unos 40.000 pesos.

La estafadora tenía todo pensando. Ante de salir le dio a Silvia 5.000 pesos y le ordenó que se retirara porque María Asencia no iba a volver por varios días porque “se “había contagiado de Covid-19 y estaba internada”. Pero desconfiada y buena empleada, la cuidadora omitió las órdenes y se quedó esperando a su patrona, que luego regresó a salvo con su sobrina.

Marche preso

María Gabriela escuchó el relato, cambió las llaves del departamento y dejó asentada una denuncia por la privación de la libertad y estafa que sufrió su tía. El caso quedó en manos del fiscal de la unidad de Investigación y Juicio Mariano Ríos Artacho, quien ordenó una serie de medidas para determinar la secuencia y ubicar a la responsable de la infame y despreciable maniobra.

De inmediato el personal de la Brigada Operativa de la Agencia de Investigaciones Criminales (AIC) constató que Beatriz vivía en Ecuador al 1159. Luego se trasladaron al geriátrico para confirmar con el encargado María. Beatriz no sabía que la mujer ya se había retirado, y regresó como lo había prometido. Sigilosos, los policías de civil confirmaron su identidad. Pero no la detuvieron en ese momento.

Al otro día, los miembros de la AIC volvieron a la casa de calle Ecuador, donde entrevistaron a José Alberto R. esposo de Beatriz, y a un hijo. Al requisar el lugar se halló un bolso que contenía objetos personales de María Asención, como ropa y medicación. Los hombres admitieron que además allí estaba el perro caniche toy, hasta la cucha y un recipiente de plástico para la comida de la mascota.

También reconocieron haber escondido una pequeña caja fuerte metálica color rojo que contenía dinero y documentación de la víctima, recibos de cobro de jubilación del Nuevo Banco de Santa Fe y una bolsa de nylon transparente con 10.000 pesos en efectivo.

A los hombres no les quedó otra que entregar un bolso de plástico con medicamentos y elementos de aseo personal, lentes recetados, un par de pantuflas, toallas y diversas prendas de vestir de mujer. Beatriz había preparado todo para para la oscura y larga reclusión de María.

Tías cautivas

Cuando los policías ingresaron a una habitación de esa casa se toparon con una mujer no vidente, de 90 años, que dormía, y fue identificada como Ida C. Según el hijo de Beatriz, se trataba de “una tía”. Ida contó que la casa era suya, y que hace muchos años mientras estuvo internada en el Hospital Provincial conoció a Beatriz, pero que no es su sobrina de sangre, sino del corazón.

Tras una requisa, los uniformados observaron sobre un freezer la fotocopia simple de escritura de la casa, de 1993. Era la rectificación y venta del inmueble confeccionada por un escribano, y la copia de una escritura de compra venta avalada por otro notario. Además, se hallaron duplicados de la escritura de la casa de María Asención y fotocopia de su DNI.

Con la firme sospecha de que la imputada también había estafado a la dueña del inmueble donde vive, el fiscal cotejó información, de la cual surgió otra víctima: una anciana de 88 años, Olga Clide G., otra “tía del corazón” que hace más de un año fue internada por Beatriz en un geriátrico de calle Dorrego al 700.

Con esa mujer, según la investigación, la taxista generó un vínculo mediante mentiras y engaños con falsas promesas de ayuda y solidaridad cuyo objetivo real fue apoderarse de su casa. Así logró que en septiembre de 2019 le firmara un poder general de administración a su favor, y que le entregara la tarjeta de débito y clave de acceso del Banco Macro donde percibía su jubilación.

Después se quedó con las llaves de la casa de Clide (White 6523), y la depositó en el geriátrico. “Hace casi ya un año me trajo porque me dijo que yo vivía sola en mi casa. Me trajo obligada, yo no quería venir. Me cobra la pensión todos los meses, nunca me trae la plata, solo cosas de limpieza”, declaró Clide sobre el inhumano acto del que fue objeto.  Según la investigación, la taxista generó un vínculo mediante mentiras y engaños con falsas promesas de ayuda y solidaridad cuyo objetivo real fue apoderarse de su casa. 

La declaración de María Asención también forma parte de la pesquisa. “Cuando me llevaron al geriátrico, me llevaron en ese mismo taxi y manejaba el hijo de Beatriz, todo en contra de mi voluntad, pretendía que yo le firme un poder, como no quise, me llevó a un geriátrico. Temo mucho por mi integridad física, no se que quiere está señora conmigo”, indicó en la Fiscalía.

Una vez reunidos los elementos, el fiscal Ríos Artacho ordenó la detención de Beatriz Noemí B. y su marido José Alberto R., de 58 años, medida que se concretó el miércoles mientras estaban en su casa. Allí, se secuestró el taxi patente AB387GY, chapa habilitante 3292. Era la herramienta que utilizaban para captar abuelas entre viaje y viaje, ante quienes se mostraban solidarios, pero luego las estafaban descaradamente.

Además, se incautaron tarjetas de débito de las víctimas, fotocopias de su DNI, carné de Anses, credenciales de PAMI, comprobantes de extracciones en cajeros automáticos de cajas de ahorro de las mujeres, expedientes sucesorios y de declaratoria de herederos sobre la vivienda de la Olga Clide, y el poder general que le dio a Beatriz.

El viernes a la tarde el matrimonio fue imputado por el fiscal Ríos Artacho por los dos hechos de estafa de los cuales obtuvo gran evidencia documental y testimonial. A la mujer le achacó la autoría de dos maniobras en concurso real, y a su marido el rol de coautor.

La jueza Paula Álvarez aceptó la calificación, dio por formulada la imputación y dispuso la prisión preventiva para Beatriz Noemí B. por 90 días, y para José Alberto R. la libertad con restricciones, le impuso una caución de 40.000 pesos y la prohibición de contacto por cualquier medio hacia las víctimas hasta la finalización de la audiencia preliminar al juicio.

ÚLTIMAS NOTICIAS

El Senador Felipe Michlig apoyó la iniciativa para incorporar cajeros automáticos...

0
En la sesión de este último jueves, el Senador Felipe Michlig (San Cristóbal) sumó su voto a la media sanción de un...