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Las elevadas temperaturas están pintando de verde el paisaje helado de la Antártida

La Antártida es el hogar del hielo, los pingüinos y… gracias al cambio climático, rápidamente también se está convirtiendo en el hogar del musgo.

Los bancos de musgo hallados en algunas partes de la península Antártida occidental han crecido de forma espectacular en los últimos 50 años, según un estudio publicado en la revista científica Current Biology.

La formación de musgo “se ha multiplicado por cuatro o cinco veces” en las últimas cinco décadas, asegura Tom Roland, uno de los coautores de la investigación.

Las temperaturas cada vez más altas y la pérdida de hielo “posiblemente están abriendo más tierra para la expansión de los ecosistemas de musgo”, dice Roland, lo que ha llevado a que la península sea cada vez más verde.

“Si le hubieras tomado una foto a estas partes de la península hace 50 años, hubiera sido una imagen monocromática de hielo”, le explica a CNN Dominic Hodgson, otro de los coautores del estudio. “Nada más que glaciares”.

Hodgson dice que la expansión del musgo es particularmente sorprendente dada la falta de luz en la península.

Los científicos a cargo del estudio, de las universidades de Exeter y Cambridge y de la Investigación Antártica Británica, tomaron cinco muestras de musgo de tres lugares distintos de la península, lo que les permitió analizar los cambios en su crecimiento en los últimos 150 años.

Amenaza de especies invasivas

Las frías temperaturas redujeron la descomposición del musgo, lo que les ayudó en su labor.

Los expertos concluyeron que el aumento de las temperaturas ha jugado un papel fundamental en los cambios más importantes de todos los sitios. “La regularidad del crecimiento es sorprendente”, dice Hodgson. “El musgo está en toda la península”.

El crecimiento de musgo abre la puerta para que otras plantas echen raíces en la Antártida, y aunque un continente lleno de un verde exuberante pueda parecer atractivo, los investigadores están preocupados.

“No veo un gran problema con las especies regionales de musgo y también se han hallado dos tipos de pasto”, explica Hodgson. “Pero debemos tener mucho cuidado con las especies de plantas no autóctonas que podrían introducirse”.

Según él, eso ya ha pasado en algunas islas subantárticas, donde especies no nativas terminaron incluso en la ropa y los equipos de los investigadores.

Los científicos temen que pueda pasar algo similar en el Ártico cuando comience a volverse verde.

Dan Charman, otro de los coautores de la investigación, dice que hay conclusiones paralelas con el crecimiento de matorrales en el Ártico. “Es probable que haya tasas de crecimiento más acelerado en el mundo allí donde las bajas temperaturas actualmente inhiben el crecimiento de plantas”, explica.

Hodgson dice que aunque actualmente el equipo investiga lo que ha pasado con el musgo en los últimos 150 años, planean buscar incluso mucho más atrás en el tiempo.

“El próximo trabajo es ampliar el registro unos 4.000 o 5.000 años atrás”, dice.

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