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La mujer que escribió el hit del momento: “Ahora mi apellido es Despacito”

El alto voltaje de Valeria Lynch tiene que ver indirectamente con esta historia epidémica. Lo mismo que la música de Fito Páez, Vilma Palma y Diego Torres. Detrás del virus del momento hay una mujer que creció escuchando a esos argentinos y que una tarde manejó hasta la casa de Luis Fonsi con miles de ritmos almacenados en el chip mental. Des-pa-cito, le repetía obsesivo el puertorriqueño y Erika Ender aceptó la idea y aportó su “50 por ciento”. Hoy es coautora del hit que -según cifras oficiales- va camino a transformarse en algo así como La bamba.

Panameña, hija de brasileña, 42 años, cabello a lo Carlos Valderrama, cantante, compositora, actriz. Vive entre Miami y Los Ángeles, pero juega con la idea de que se mudó “al cielo”, porque pasa la mayor parte del tiempo en aviones. El boom le cambió hasta la identidad: “Ahora mi apellido es ‘Despacito’. Así me llaman en todos lados”, se ríe desde Río de Janeiro.

Compuso para Chayanne, para Gloria Trevi, Azúcar Moreno, Gilberto Santa Rosa y tantos más. Figura en el Salón de la fama de los compositores latinos, pero fue por el tema escuchado más de 421 millones de veces en Spotify que detonó su celular.Mientras calma al aparato, las versiones de “Despacito” se reproducen de manera desesperante y tocan orillas impensadas: Luxemburgo, Kazajistán, Nueva Zelanda, Dinamarca, Eslovenia…

-¿Cómo fue en detalle el encuentro esa tarde con Luis Fonsi?

-Estaba como a 20 minutos de su casa, llegué, nos tomamos un café, me dice su idea, empezamos a construirla. Él trajo el título, la frase “Vamos a hacerlo en una playa en Puerto Rico”. Fue mágico, auténtico, no creamos una cosa pensada y esquematizada. Había que hacer un tema con buen gusto, porque rayábamos lo sensual y teníamos que colocar a la mujer en un lugar de respeto y cariño. Y salió una melodía chévere. Fue el encuentro de dos amigos que se volvieron a ver despues de meses de no verse.

-¿Se adjudican un 50 y 50 por ciento de participación? ¿Sentís que para la prensa los créditos se los lleva él?

-Los autores somos los héroes anónimos, pero yo no me puedo colgar ese traje porque además de autora tengo carrera como cantautora. Crecí en épocas en que se hacían discos y en que el compositor se respetaba y se emponderaba. Despacito está cambiando mi día a día y me está dando la posibilidad de que se visualice mi trabajo anterior.

-¿Encontrás explicación para entender por qué esta canción conectó con el mundo?

-Es increíble cómo el ser humano se complica la vida. Hay una energia bonita, pero explicacion no tiene. Ni nosotros que nos sentamos a hacerlo tenemos la explicación. La fórmula de componer comercialmente tiene cierta estructura, pero puede variar y uno no puede dejar de lado lo espontáneo. Si tú tienes una melodía súper contagiosa, pero la letra no te dice nada, no funciona. Y al revés lo mismo. Debe haber un matrimonio de letra y música. Yo escribo con la conciencia y la responsabilidad de que eso puede ser la banda sonora de una vida. Nunca miré a la música como una oportunidad para hacerme millonaria o famosa.

-¿Y cuáles fueron las bandas sonoras de tu vida?

-Whitney Houston, Michael Jackson. Tanto que no puedo enumerarlo. Tuve tanta ensalada de culturas en mi vida que pude ponerlo al servicio de la música. Con la Argentina tengo una gran conexión. Escuchar a Valeria Lynch o ver los programas de Marcelo Tinelli toda la vida. Estuve trabajando con Lali Espósito en Miami recientemente. Ahora sueño con trabajar con Diego Torres. Es hora.

-Que una canción sea aceptada mundialmente no necesariamente implica calidad…

-El mundo es según los ojos de quien mira. Yo como autora creo en esas canciones que transforman, que se te quedan… Uno marca la vida de otros sin darse cuenta. La calidad depende de los ojos del observador.

-¿Tenés temor de quedar atrapada en este hit?

-Absolutamente no. Hay 200 discos que avalan mi historia. Despacito es una ventana. Una cereza preciosa para el pastel de 25 años de celebración de mi carrera. En realidad yo uso la música para hacer el bien. Mi fundación (Puertas abiertas) es mi verdadera ambición de vida.

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