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La danza de los flamencos rosados en la laguna Añapiré desde un drone y a 40 kilómetros de Santa Fe

El dato hace años que corre entre los observadores de aves. En los humedales salinos que están cerca de Santa Fe se concentran miles de flamencos australes (rosados), un ave que se luce en los lentes de las cámaras y que impresiona cuando levanta vuelo en grandes bandadas. Es la misma especie que suele elegir para alimentarse otras lagunas de Santa Fe (Cristal y Melincué, por ejemplo) y el Mar de Ansenuza en Córdoba (Mar Chiquita) 

Gasista Clever

En Campo Andino, a sólo 40 kilómetros de Santa Fe, un equipo que contrató Aire Digital logró grabar este espectáculo con una tecnología que hace la diferencia: el drone de Marcelo Taleb, un odontólogo santafesino que estudió durante años para profesionalizar su pasión y ahora también trabaja como productor audiovisual. 

Taleb hizo despegar su drone en el camino de tierra que divide en dos la laguna Añapiré -piel o cáscara de diablo en guaraní-, unos 500 metros al este de Campo Andino. Y voló 1.700 metros para llegar al lugar donde se concentraban los flamencos. 

“En el primer vuelo, los flamencos ‘despegaron’ enseguida cuando me acerqué, pero después lo fueron aceptando y pude tomar imágenes desde más cerca, aunque siempre respetando una distancia de seguridad para cuidar a los flamencos y también al drone”, contó.

Con paciencia, Taleb estuvo grabando dos horas, entre el mediodía y la siesta, y consumió tres baterías del drone. El resultado condensado en un video de un minuto emociona y es importante para comprender porqué es importante proteger a los flamencos y a toda la fauna.

Están todo el año

A pedido de Aire Digital, Rodrigo Lorenzón, doctor en Ciencias Biológicas, y Adolfo Beltzer, investigador del Conicet y jefe de Ecología de Aves Acuáticas (Laboratorio de Biodiversidad UNL), explican por qué vienen los flamencos a Santa Fe, cuáles son las amenazas que enfrenta la especie y qué estrategias se pueden implementar para protegerlos.

Una de las capturas del video de Marcelo Taleb, para Aire Digital, en la laguna Añapiré.

En primer lugar hay que aclarar un punto importante: se los puede observar todo el año, pero en el invierno las bandadas suelen concentrar más ejemplares. 

En las lagunas salinas que están cerca de Campo Andino y Laguna Paiva comen los microcrustáceos que filtran con las laminillas que poseen en el pico. Es este alimento el que le da el característico tono rosado al plumaje. 

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“Sin su alimento básico el plumaje se destiñe o se vuelve blanco, tal como sucede con otra especie de similar coloración y que también se ve en los humedales de Santa Fe, la espátula rosada”, precisan Lorenzón y Beltzer, en el trabajo que escribieron para Aire Digital. A la hora de incubar los huevos, los flamencos fabrican sus nidos con barro y en forma de cono truncado.

Por qué se la considera una especie acechada

Los especialistas advierten que el flamenco austral es considerado una especie amenazada a nivel nacional como internacional. Lo acecha la presión sobre su hábitat -los humedales- y también los capturan para venderlos.

Son aves codiciadas como ornamentales para parques y residencias, lo que los pone en la mira de los que trafican en forma ilegal con la fauna. “Esto ha motivado su inclusión en el Apéndice II de la Convención sobre el Tráfico de Especies Silvestres (Cites)”, advierten Lorenzón y Beltzer.

Los biólogos cuentan que a los flamencos los cazan y los transportan en jaulas, en las que los obligan a doblar sus largas patas hasta que quedan casi arrodillados. “Esto suele provocarles parálisis, de acuerdo al tiempo de traslado, y muchas veces no vuelven a caminar. En estos casos, los traficantes los abandonan y los condenan a una agonía que termina en muerte por inanición”, aseguran Lorenzón y Beltzer.

Hay dos estrategias centrales para protegerlos: la primera, controlar la caza furtiva y el tráfico ilegal. La segunda, establecer áreas protegidas que garanticen la conservación de los humedales en los que se alimentan y nidifican. En el 2016, la diputada socialista Marita Ayala presentó un proyecto de ley para declarar área protegida la laguna de Añapiré (todavía no fue sancionado por sus pares).

En el caso de la conservación de los flamencos, la dificultad es que hay importantes fluctuaciones en las bandadas, según la disponibilidad de alimento y grandes desplazamientos. “En este marco, las áreas protegidas deben planificarse regionalmente considerando la protección de los diferentes humedales en los que la especie cumple con las diferentes etapas de su ciclo anual”, recomiendan Lorenzón y Beltzer.

Un ejemplo de esta estrategia -apuntan los especialistas- es la Red de Humedales de Importancia para la Conservación de los Flamencos Altoandinos que incluye a la laguna de Melincué en el sur santafesino, que logró esta “jerarquía” (también la de Sitio Ramsar) por el alto porcentaje de flamencos rosados que concentra y porque es el hábitat invernal de otra especie de flamenco, la población de Parina grande, la misma que en el verano se puede observar en las lagunas salinas de altura de la Cordillera de los Andes.

Hay algo que no se pueden olvidar quienes quieran hacer la escapada a Campo Andino para mirar en primera persona la elegante danza de los flamencos. Tienen que llevar largavista (binoculares) o una cámara fotográfica con un zoom muy potente. 

Los que quieran saber más tienen otra alternativa: mirar el documental de Disney Naturaleza “Alas carmesí, el misterio de los flamencos” (The Crimson Wing: Mystery of the Flamingos) que muestra a la especie en uno de los ambientes más extremos del mundo, el lago Natrón en el norte de Tanzania (África). Cada segundo, vale la pena.

Chente Pizarro
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