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La asesinaron luego de torturarla durante tres horas

Ese miércoles, Marisela salió con unos amigos y no volvió a dormir a su casa. Llegó el jueves, después de la hora del almuerzo. Mariano, su hermano, dice que puso música en el celular, conversó un rato con él y se puso el short y la remera que usaba para dormir. Mariano se fue a su habitación y creyó que ella se había ido a descansar. Recién cuando la Policía tocó el timbre, una hora después, se dio cuenta de que Marisela nunca se había acostado.

La vecina del almacén fue a avisarle que la habían visto correr para el lado de la ruta. Estaba descalza y gritaba que la querían matar. Lo que pasó después quedó grabado en dos videos que unos vecinos filmaron a escondidas: tres hombres la arrastraron por el asfalto, la ataron a un poste y la atacaron a fierrazos. La tortura que la llevaría a la muerte había durado, por lo menos, tres horas.

Marisela Pozo Pizl tenía 27 años y, según dice su mamá, no tenía ninguna enfermedad psiquiátrica. La autopsia mostró que Marisela había consumido drogas, por eso creen que el consumo la llevó a entrar en un estado de paranoia. Los vecinos dicen que la vieron correr desesperada, “fuera de sí”, y que, aunque nadie la perseguía, gritaba que la querían matar. Eran cerca de las 5 de la tarde. Marisela corrió unas 10 cuadras desde su casa, en Laferrere, cruzó la ruta 21 en un horario de tránsito intenso, y fue a pedir auxilio a un kiosco.

“Ella empezó a golpearle la puerta para que la ayude, se trepó a una reja y rompió el vidrio del kiosco. El dueño salió y la tiró al medio de la calle. Y mientras ella estaba tirada en el asfalto, le empezó a pegar con un fierro, sin parar”, cuenta Marta Pizl, la madre de Marisela. Eso es lo que se ve en uno de los videos: un hombre, Héctor Daniel Julio, que le pega una y otra vez no con un palo, como se creyó al principio, sino con un fierro.

“Cuando ella ya estaba en el suelo y no paraba de gritar, salió un vecino con un cable que solidariamente se ofreció a atarla”, sigue Matías Bernal, abogado de la familia. Con el cable que aportó Sergio Abatedaga, la ataron a un poste de luz y la dejaron así por lo menos una hora. “Hay testigos que cuentan que le decían: ‘loquita, si te calmás te vamos a soltar’. La soltaron y esa es la otra imagen que se ve de ella: débil, tratando de mantenerse en pie, y cubierta de sangre.

Cuando la soltaron, Marisela trató de entrar al auto de un tercer vecino, el remisero Patricio Vicente Larocca. Uno de los testigos que declaró contó que ella hacía fuerza para tratar de abrir el auto hasta que el dueño salió de la casa y le dijo: “¿Vos estás loquita? Yo te voy a hacer pasar la locura”. Dijo que la agarró de los pelos y la zamarreó. “Los vecinos cuentan, además, que la quiso tirar contra unos bancos de material y que ellos le gritaron que no lo hiciera, que no fuera cobarde, que la iba a matar”, sigue Bernal. Larocca la arrastró y la tiró sobre el pasto, al lado de las vías de tren.

Según el relato de su mamá, una señora que venía de trabajar la vio tirada al lado de las vías y quiso alzarla, pero ella ya tenía convulsiones y vomitaba. Marisela fue trasladada al hospital. Era el 17 de marzo de 2016: tres días después murió. La autopsia determinó que había sufrido una falla multiorgánica producto de politraumatismos.

Dos de los tres atacantes fueron citados a declarar como testigos. Pero cuando los medios difundieron los videos, dos quedaron detenidos. El kiosquero se fugó. “La primera carátula fue homicidio simple. Pero lograron que se cambiara a homicidio preterintencional. Es decir, te maté pero no tuve intención de matarte, sólo quise lastimarte. Yo entiendo que si vos le das una piña a una persona podés no tener intención de matar pero si le pegás con un fierro a una chica que pesa 55 kilos, no me digas que no te imaginás lo que le puede pasar”, dice el abogado. Nunca nadie habló de femicidio.

El 2 de junio, la Fiscalía de homicidios dolosos de La Matanza hizo un acuerdo en un juicio abreviado y determinó que, efectivamente, había sido un homicidio preterintencional y los condenó a 1 año de prisión de ejecución condicional, por lo que seguirán en libertad.

“La Cámara dice que ellos la soltaron. Eso les da a entender que de haber querido matarla lo habrían hecho”, cuenta Bernal. Ahora será Casación quien deberá definir si los tres hombre que torturaron a Marisela y la apalearon cuando estaba en un estado de vulnerabilidad extrema pudieron representarse que podían matarla. O si, como dijo la Cámara, la mataron, pero sin querer.

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