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El pasado desconocido de Pamela David antes de su explosión en “El Bar”

-Hay una crítica habitual que se te hace. Dicen mucho: “¿Y ésta de dónde salió?”. Bueno, contá de dónde saliste, cuánto la peleaste, cómo fueron tus inicios, viajemos al pasado.

-Me delata la edad… (risas) Yo no tengo problemas con la edad, pero tengo que hacer memoria porque me cuesta.

-Hay una anécdota muy buena respecto a tus comienzos: ¿una vez te disfrazaste de huevo? La gente debe decir: “¿Pamela David, disfrazada de huevo?”. Pero sí, ¿no?

-Trabajaba de promotora en muchas cosas, y una era de huevo para un circo, en el Alto Avellaneda. En ese momento me acuerdo que me gustaba un chico y él entró en el estacionamiento en el que estaba laburando yo, toda disfrazada. Era como un extraterrestre, mi cabeza era un huevo y estaba en rollers. Tenía el huevo en la cabeza y me quería morir. Mirá que es grande el shopping. ¡Justo entró el chico por mi lado! Me puse bordó.

-¿Qué más te acordás de tus inicios?

Debuté con Marley (en Teleshow), mirá lo que te digo. Y en esa época, Coco Fernández (directivo de El Trece), en maquillaje, me dijo: “¿Santiagueña, te animás a hacer unas notas?”. Pensé que me estaba cargando.

-¿Por qué?

-Yo soñé, desde que tengo uso de razón, trabajar en la tele, ser actriz, venir a Buenos Aires y triunfar. Lo soñaba pero no se lo contaba a nadie. Solamente estaba en mi cabeza, en mis deseos. Me daba vergüenza que me digan: “¡Andá! ¿Vos qué vas a hacer?”. Entonces, cuando Coco me dijo eso y me dio la oportunidad, le dije que no porque pensé que me estaba cargando. Me quedó eso toda mi vida. Me traumó. Yo podría haber empezado en 1997.

-¿Qué aprendiste de eso?

-Esa fue una enseñanza gigante para mí: nunca decir que no, de última arrepentirme y que me vaya mal, pero nunca decir que no. Pero bueno, fui secretaria de Marley, trabajé con Ante Garmaz. Hice lo que pude. Y eso me dio la entrada para pagar mi pensión.

-¿Dónde vivías?

-En Paraguay, entre Agüero y Laprida.

-¿Cómo era la pensión?

-Éramos todas chicas del interior. Me hizo bien. Era compartida mi habitación, con tres chicas.

-¿Con quiénes? ¿Cómo se llamaban?

-Una era Valeria Prato, de Chaco. Y otra Viviana Giuliano, con ella sigo teniendo contacto, se fue a vivir a la India pero cada vez que viene, porque es de Corrientes, tratamos de vernos. También me acuerdo de Carla, con quien me reencontré por Twitter, y de Sonia. Me cuesta, pasaron muchos años. Pero la pasé genial. Era una cocina grande. Compartíamos todo. Alguien se hacía un arroz con atún y lo compartíamos. Suena a pasar necesidades, pero no: es lo que le pasa a la mayoría de la gente que se viene del interior y la tiene que remar. No es fácil pero vale la pena.

 

-¿Cómo vivís el contraste de tu pasado con tu presente?

-Con orgullo. Creo que si no hubiera vivido eso no valoraría cada cosa que uno logra. Sin desmerecer, porque también hay personas que nacieron en otra realidad. En esos casos, por ahí está en la educación de sus padres enseñar el valor de esas cosas. Pero a mí lo que pasé en mi vida me hizo aprender a valorar. Me viejo me inculcó desde muy chiquita el agradecer, el cuidar, cuidar el mango. Creo que el origen y el pasado son importantes para disfrutar el presente.

-¿Y cómo es tu origen?

-Con valores, con una familia humilde pero muy unida. Con mi viejo hablábamos todo. Él quería tener un varón. Hasta que llegó Cristian, mi hermano, nosotras con mi hermana lo acompañábamos a la cancha. Pegábamos figuritas del Mundial… Tengo mis mejores recuerdos de Santiago del Estero, cuando no había inseguridad y salíamos a la vereda.

-¿Es verdad que antes que ser famosa en Argentina fuiste famosa en Paraguay?

-Ay, ¡sí! Me está pasando ahora, este último tiempo, que me estoy encontrando con gente de Paraguay que todavía me dice Maxi, así se llamaba mi personaje. Era de una publicidad de un celular, la misma que hizo Claudia Albertario acá y se hizo súper famosa. Había hecho de amiga de Claudia en uno de los comerciales. Ahí conocí a la gente de la marca, y me ofrecieron ser la protagonista de una tira de publicidades en Paraguay. Era impresionante. ¡La pasé súper bien! Iba una o dos veces al mes durante casi 2 años.

-¿Eras famosa a qué nivel?

-No te exagero: iba en el avión y me empezaba a maquillar. Sabía que llegaba y me iban a pedir una foto o un autógrafo. A mí me encantaba ir a ver precios a Ciudad del Este y comprar barato y no podía porque era tan famosa que tenía miedo que dijeran: “¿Esta rata viene a comprar acá?”. Igual, acá, en Argentina, no me conocía nadie. Era seguir remándola.

 

-¿Todo esto fue antes de que te hagas famosa en el reality “El Bar”, no? Porque la gente piensa que tu carrera empezó ahí.

-Sí, y dejame que me acuerde, porque tuve más trabajos. Fui extra en películas… ¡Me encantaba! Me acuerdo de algo: cuando hacía publicidades, tenía que ir a actores a cobrarlas, y ahí había un señor, Juanjo, que creo que no trabaja más, que me dijo “vos llamá a este representante de parte mía porque vos tenés futuro”. Me activó mis ganas de decir “sí, se puede”. Yo mientras tanto estudiaba Administración de empresas en la UBA. Llegué a tercer año, pero necesitaba trabajar, y dejé. Así empecé. Fui a muchos castings en los que no quedaba. Después de El Bar, cuando iba, me decían “yo te vi y decía qué ángel que tiene esta chica”. ¡Sí, claro, pero antes no quedaba! Por eso para mí fue tan importante El Bar, lo agradezco un montón.

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