sábado, 26 septiembre, 2020

El caso de la rotura de silobolsas en la Argentina, explicado

El caso de la rotura de silobolsas en la Argentina – Con una preocupante profundización que coincide con los habituales (y no tan habituales) cortocircuitos entre “el campo” y un Ejecutivo argentino, el presente año, además de nuevas administraciones, enfermedades y normalidades, trae consigo cerca de 30 roturas de silobolsas registradas, con las consecuentes pérdidas económicas que esto conlleva. 

De esta manera, si bien no logra superar el caso del abigeato (o robo de ganado),estos episodios siguen de cerca a este como uno de los actos delictivos más frecuentes contra el campo que dejó el primer semestre del 2020. 

Es por eso que en esta nota te contamos qué es una silobolsa y cuál es su importancia para el sector agrícola nacional, las reacciones del agro y la administración nacional, el proyecto de ley que Massa diagramó para crear la figura de vandalismo rural y en qué punto las tensiones de turno coyunturales entre estos dos sectores puede compararse con aquella del 2008.

1) Silobolsas: ¿qué y cuán importantes son?

El caso de la rotura de silobolsas en la Argentina, explicado

Sin un claro origen que ponga ubicación al invento, la silobolsa es una capa de polietileno que se utiliza para cubrir los granos o el heno, buscando así protegerlo de las diferentes inclemencias meteorológicas. 

Si bien esta técnica ya se aplicaba en los establecimientos ganaderos de Europa, el aporte argentino refiere a que la cobertura plástica en cuestión se convirtió en un bolsón cerrado, algo que posibilitó un aislamiento más completo, así como un aumento en los tiempos máximos de almacenamiento. 

El almacenaje hermético de granos es una técnica muy antigua y en nuestro país se usó al construir celdas subterráneas herméticas ante la imposibilidad de exportar durante la Segunda Guerra Mundial.

Según recopila Chequeado, el surgimiento de esta innovación tuvo mucho que ver con la crisis económica y social ocurrida en el 2001, al tiempo que se transitaba una etapa de intensificación agrícola con la aprobación unos pocos años antes, en 1996, de la soja transgénica resistente al glifosato.

De igual manera, el INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) toma como referencia las las proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) desde donde se advierte que la población mundial pasará de 6.900 a más de 9.200 millones de habitantes, en 2050. 

Así, en los próximos 40 años, la demanda de agroalimentos crecerá un 70%. El desafío está planteado y la Argentina tiene una oportunidad única en la que deberá aumentar la eficiencia productiva y aplicar las tecnologías disponibles.

Para Ricardo Bartosik (técnico del INTA Balcarce), este incremento de habitantes en el mundo demandará granos especiales con segregación e identidad preservada, con mayores requisitos de calidad, sanidad e inocuidad, mayor demanda de certificaciones e implementación de buenas prácticas y trazabilidad.

Es por ello que Bartosik se refirió a la silobolsa como el “hito tecnológico del campo argentino” disponible para el mundo a fin de solucionar, en gran medida, los problemas de seguridad alimentaria.

En países como Argentina, Brasil, Sudáfrica y Rusia en los que las grandes extensiones de territorio con grandes volúmenes de producción, esta tecnología representa una solución para la problemática en la logística de la poscosecha.

Matías Longoni informa que cada una de estas bolsas cuesta unos US$ 200 y además se estima, según la Revista Márgenes Agropecuarios, un costo adicional de unos US$ 8 por tonelada por la confección de estos “chorizos”. 

Este costo, contemplando el precio de lo que se almacena allí, por caso la soja que ahora cotiza a unos US$ 350 por tonelada, la mercadería almacenada tiene un valor cercano a los US$ 70.000, se presenta como accesible. 

2) Roturas y Reacciones

El caso de la rotura de silobolsas en la Argentina, explicado

En un duro comunicado titulado “Repudiamos los ataques a los silobolsa y el Gobierno también, ¿O no?”, las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) señalan para el cierre de junio que se han sumado “más de 30 ataques y roturas de silobolsas”. 

En esta línea marcan que “el mismo Gobierno Nacional que pretende incursionar en la aventura de comercialización de productos agrícolas no es siquiera capaz de cumplir uno de los roles insustituibles del Estado: brindar seguridad a todos los habitantes de la Argentina”. 

Pero quizás el punto nodal del comunicado sea el afirmar que “la actitud del Presidente frente a los ataques que a diario nos afectan ya adquiere la preocupante característica del silencio cómplice”. 

Lo cierto es que si bien Alberto Fernández no se pronunció específicamente sobre este caso, sí lo han hecho funcionarios de alto nivel como la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, y el titular de Agricultura, Luis Basterra.

“Estamos haciendo lo imposible para despejar cualquier duda de que acá hay una intencionalidad política. En la práctica no hay una sola denuncia concreta de alguien involucrado con algo político en estos hechos. El delito rural es un delito complejo que requiere la articulación de todos los sectores, tanto públicos como privados”, comentó Basterra al respecto. 

Sin embargo, el caso que mayor contundencia ha efectuado el frente De Todos al respecto lo apuntala el titular de la Cámara de Diputados de la Nación, Sergio Massa. 

3 ) El Proyecto de Ley

El caso de la rotura de silobolsas en la Argentina, explicado

A partir del mencionado escenario, el ex intendente de Tigre y actual presidente de la Cámara baja presentó un proyecto de ley para endurecer los delitos contra la propiedad rural.

Advirtiendo las más de 57.000 toneladas afectadas que las Confederaciones Rurales Argentinas informaron, se presentó una iniciativa que busca modificar los artículos 186 y 189 del Código Penal y sus modificatorias. 

De igual manera, con el artículo 184 bis, se incorpora la figura de vandalismo rural, cuya pena “será de dos a cinco años de prisión cuando se afecte el normal desempeño o explotación de un establecimiento rural a través de la destrucción, inutilización, desaparición o cualquier otro modo de daño respecto de:

  • Granos, semillas y cereales en parva, gavillas, bolsas, silos, tolvas, tanques o unidades de almacenamiento, o de los mismos todavía no cosechados;
  • Bosques, viñas, olivares, cañaverales, algodonales, yerbatales o cualquiera otra plantación
  • de árboles o arbustos en explotación, ya sea con sus frutos en pie o cosechados;
  • Ganado en los campos o de sus productos amontonados en el campo o depositados;
  • Leña o carbón de leña, apilados o amontonados en los campos de su explotación y destinados al comercio;
  • Alfalfares o cualquier otro cultivo de forrajes, ya sea en pie o emparvados, engavillados, ensilados o enfardados;
  • Los mismos productos mencionados en los párrafos anteriores, cargados, parados o en movimiento.

4) Una (no tan) breve historia

El caso de la rotura de silobolsas en la Argentina, explicado

El doctor en Historia por la Universidad de Oxford, Roy Hora, marcó en un reciente artículo que por el momento, la pandemia de covid-19 ha sacado el conflicto actual entre el Ejecutivo con el campo dirigiendo la atención hacia problemas más urgentes y, de paso, deshilachando la protesta que las asociaciones ruralistas, reunidas en su Mesa de Enlace, habían programado entre el 9 y el 12 de marzo.

En este sentido advierte que si bien es muy improbable que el escenario actual alcance la virulencia del conflicto del campo del otoño de 2008, el espectro de esa protesta continúa vigente, siendo la constitución del “campo” como una fuerza sociocultural la resultante del episodio que entre otras cosas significó la salida de Alberto Fernández del Gobierno de Cristina Kirchner. 

Ese nuevo agro que Hora marca responde a un cambio en la valoración del campo que, sin embargo, al igual que en 1912 y de allí en adelante, no fue suficiente para que el ruralismo lograra pararse políticamente sobre sus propios pies. 

Sin embargo, sí puede pensarse como bandera que, tras la génesis constitutiva en el 2001 y el “que se vayan todos”, primero el PRO y luego Juntos por el Cambio recogió para federalizar y solidificar su base electoral que lo llevaría por primera vez en la historia nacional a gobernar Nación, ciudad y provincia de Buenos Aires simultáneamente. 

“PRO, nacido en 2002, es casi hermano del movimiento que gobernó la Argentina desde 2003: surgió para distinguirse de él, para movilizar electores, ideas, recursos de grupos sociales y políticos que ven en el peronismo de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner su peor enemigo”, plantea Gabriel Vommaro en “Mundo PRO”.

Desde esta lógica pueda encuadrarse que diputados de Juntos por el Cambio salieran a exigirle al Gobierno Nacional que implemente medidas para frenar los ataques y emita “mensajes más claros” para evitar la profundización de la situación.

Fuente: Filo News

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