“El ángel de Ariel”: la mujer que le salvó la vida al argentino que estuvo 15 años desaparecido

728×90 exclusive

Se llama Florence y hace tres semanas lo encontró perdido y sucio en Perú: hacía 9 meses que vivía en la calle. La mujer dejó su vida para repatriarlo y descubrir qué le había pasado.

Esa tarde, Florence terminó de dar una capacitación en una empresa y caminó unas cuadras con dos compañeros de trabajo. Se estaban despidiendo cuando un joven se paró frente a ella y tiró la mochila al piso. La tarde en Lima estaba helada y húmeda y Florence, en vez de esquivarlo y seguir viaje, se quedó mirándolo: estaba desabrigado, tenía las manos negras de tanta suciedad, la ropa rota y una herida reciente le atravesaba un ojo, la frente y se hundía en el cuero cabelludo.

“Yo supe que no era agresivo, se le notaba. Era como un niño en el cuerpo de un adulto”, cuenta la peruana Florence Arce Ross a Infobae. La mujer -que es psicóloga y coach- le hizo algunas preguntas y alcanzó a oír que tenía acento argentino y que se llamaba Ariel Nacer. La duda se instaló: ¿Qué hacía un argentino perdido y lastimado en las calles de Lima? Por temor a olvidar los datos sueltos que le contestaba, Florence sacó su celular para grabarlo pero quienes se habían juntado alrededor coincidieron en un grito: ¡No lo saques! ¡Te lo va a robar!

Sin saber bien qué hacer, llamó a un agente de Seguridad Ciudadana. El hombre le respondió: “Déjelo ahí señora, es un drogadicto”. Ella, molesta, le devolvió: “No lo es, ¿y si lo fuera? Tú estás aquí para ayudar a la gente”. Un vendedor ambulante le aconsejó que llamara a los policías de civil del municipio. “Ellos me informaron que en esos casos procedía hacer una evacuación, ¿qué? -se vuelve a indignar-. “Le dije: ‘¿Me está diciendo que tengo que sacarlo de aquí y ponerlo donde no les arruine la vista?”.

Pasaban las horas -sus hijos y sus nietos la esperaban en casa- cuando Florence decidió llevarlo en taxi a una comisaría. El primer taxi no paró, el segundo tampoco. Florence escondió a Ariel y un taxi paró. En la comisaría le dijeron que no podían ayudarla y la enviaron a un centro que atiende a mujeres víctimas de violencia, donde también le dijeron que no. Florence volvió a la comisaría, furiosa.

“Mire -le dijo al policía-. Soy peruana, llevo toda la vida pagando mis impuestos. Este país no me da salud gratuita, no me da educación gratuita ni seguridad. Así que les exijo que le den a él lo que no me dan a mí”. El subcomisario, finalmente, se conmovió. Entre varios policías hicieron pasar a Ariel, lo ayudaron a bañarse y le dejaron pasar la noche en una oficina. Florence todavía no lo sabía pero hacía nueve meses que Ariel (30) vivía en la calle.

Volvió a su casa a la medianoche pero apenas durmió. “Yo había subido ese video a Facebook porque creía que estaba perdido y que alguien podía conocerlo”. En su computadora, sin embargo, había decenas de mensajes de Argentina y de otras ciudades peruanas. El video ya fue visto casi 3.000.000 de veces.

“Así empecé a reconstruir su historia. Lo que sabemos hoy es que vivió desde los 13 años con una travesti peruana en Constitución. Hay unos pocos que dicen que la travesti lo cuidó como si fuera su madre pero hay muchos que aseguran que no sólo lo explotaba sexualmente sino que lo usaba para vender drogas. De alguna forma se lo trajo a Perú pero la travesti murió en octubre y él quedó en la calle”. Hacía 15 años que Ariel había sido reportado como “Desaparecido en peligro” en Argentina.

Cuando amaneció, Florece compró panes de yema, de anís, de camote y de aceitunas, frutas, queso y jugo. Compró además, una remera blanca de hombre, un pantalón y volvió a la comisaría a desayunar con él. “Nos subimos al patrullero y nos fuimos al consulado argentino. Yo iba tan contenta… Pensaba: ‘van a estar felices de haberlo salvado'”. Pero no fue eso lo que sucedió.

“La cónsul adjunta, Mercedes Arbasetti, me trató muy mal. Sentí que le estaba llevando una bolsa de basura y que ella no quería ponerla en su oficina“, cuenta. Le informaron que “el procedimiento” era que Ariel contestara si quería volver o no a la Argentina. “Él tiene diagnóstico de psicosis, se desnudaba en la oficina. Le dije: ‘¿No ve que no puede responder por sí solo? Si no lo ayudan va a volver a la calle”. La funcionaria -asegura- “levantó los hombros, como quien dice ‘¿y qué quieres que haga?'”.

Mientras tanto, los videos tenían cada vez más visitas y el caso había llegado a los medios peruanos. En el consulado le dijeron que se iban a ocupar pero lo llevaron a un centro de adicciones donde, poco tiempo antes, habían matado a un interno y lo habían tirado a la vereda. “Cuando me enteré me volví loca. Yo pensaba ‘Dios mío, ¿para esto lo he sacado de la calle?'”.

Florence llamó a las cámaras de televisión, viajó con un móvil, hicieron una cámara oculta pero no lo encontró: alguien se lo habían llevado. La desesperación era absoluta porque, para ese entonces, varias versiones coincidían en que Ariel era un sobreviviente de trata y de explotación sexual y podían estar buscándolo para que la verdad no saliera a la luz.

“En el consulado no me querían decir a dónde se lo habían llevado. Yo les decía ‘qué falta de humanidad, es un compatriota argentino, podría ser tu hermano'”. Florence contó en otro video lo que estaba pasando, se sumaron más argentinos y crearon el hashtag #DondeEstaAriel”.

Mientras en Argentina se contaba la historia del “milagro” de su aparición, Florence se sentó en su computadora y llamó a todos los hospitales psiquiátricos de Lima. Hasta que lo encontró. “Lo habían depositado, sin ropa, sin nada para asearse”. La enfermera que la atendió le rogó que fuera. Durante la siguiente semana y media, Florence fue todos los días a llevarle jabón, a retirar la ropa sucia y llevarle la que ella misma le lavaba, y a firmar las recetas para que le den los medicamentos.

Con ayuda de los contactos de Facebook ya había averiguado que su mamá biológica tenía esquizofrenia y había vivido en la calle durante años, que su papá había muerto y que Ariel tenía tres hermanos, todos muy jóvenes. “Pensé que era importante que viniera a verlo su hermana, que tiene 21 años”. Como la chica no podía pagar el pasaje ni la estadía, Florence tuvo otra idea.

Sus hijos escribieron a tres aerolíneas para ver si podían pagarle el pasaje a la chica. Ninguna -entre ellas, Aerolíneas Argentinas- contestó. “Entonces contacté a los que estaban más pendientes del caso en mi Facebook y les propuse armar un pequeño grupo cerrado para juntar dinero y traerla. Alguien me había dicho ‘tú eres el ángel de Ariel’ así que me pareció un buen nombre”. El grupo se llama “Los ángeles de Ariel”.

Ese mismo día juntaron los 700 dólares del pasaje. Escribieron a varias cadenas hoteleras para ver si podían alojarla y, como al comienzo no obtuvieron respuesta, una argentina que vive en España le reservó un departamento en Lima por Airbnb. “Luego una cadena de hoteles cinco estrellas ofreció alojarla durante una semana, y no quisieron que se supiera. Me dijeron: ‘Señora, no lo hacemos por publicidad, esto es un tema humanitario”.

“El reencuentro fue hermoso. Si hubieras visto la carita de él cuando se abrió la puerta del hospital y la vio. Hacía 17 años que no veía a su hermanita”. Paola, su hermana, recordó que de chicos merendaban juntos Chocolinas y le llevó un paquete con la esperanza de que el sabor lo ayudara a recordarla.

“La presión fue tal que del consulado me dijeron que habían arreglado todo para que nos fuéramos los tres para Argentina y que en el aeropuerto iban a trasladar a Ariel al Hospital de Ezeiza. Me puse feliz, pero otra vez me equivoqué”, lamenta. Llegaron a Buenos Aires hace nueve días. “Aterrizamos a las cinco de la madrugada. Cuando llegamos al hospital no sabían nada. Nos ofrecieron que se quedara en una camilla en el pasillo, con este frío”.

Florence habló con “Los ángeles” y, entre todos, juntaron dinero para pagar una habitación en un hotel barato y una cuidadora. Pero el dinero se acabó el domingo pasado, cuando a la peruana le quedaban tres días para volver a Lima. “Mientras tanto, en Argentina todos se habían quedado con la noticia del gran reencuentro, pero no, no había final feliz”, dice.

Florence no supo a dónde ir, dónde buscar su partida de nacimiento, cómo hacer su DNI, dónde iba a vivir. Nadie, de ninguna área del Gobierno, se había comunicado con ella. Una señora de ‘Los ángeles’ propuso alojarlo en su casa, en una provincia que, por precaución, prefieren no develar. Todos aceptaron y pusieron plata para pagar una asistente terapéutica.

El martes, cuando estaban saliendo, Infoabe se comunicó con el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad. No conocían el caso pero se comprometieron a ocuparse. Ariel fue trasladado al Hospital Muñiz (de infectología) para comenzar a hacer un diagnóstico completo de su estado de salud. El sábado por la tarde, sin embargo, el joven se escapó cuando Martín, el “ángel” que estaba cuidándolo, fue a comprar comida. Desde Lima, Florence volvió a desesperarse.

En el  hospital dieron aviso a la Policía y lo encontraron en la calle ayer al mediodía. Ahora se le hará un nuevo diagnóstico de su estado de salud mental. De acuerdo con el resultado (evaluarán, por ejemplo, si puede estar solo o necesita cuidado permanente), definirán un tratamiento integral y dónde va a vivir.

“Es que si el Estado no lo asiste va a volver a quedar en la calle. El Estado no lo protegió cuando era un niñito y estaba en la calle con su mamá; ni después, cuando fue secuestrado y explotado sexualmente. No es un ser humano desechable, ¿no les parece que ya sufrió bastante?”, pregunta, antes de subirse al avión que el jueves la llevó de regreso a Lima. Florence está muy asustada: las amenazas que está recibiendo en las redes sociales le dan la pauta de que hay “algo oscuro”.

Fue el 11 de junio aquella tarde fría y húmeda en que Ariel se paró frente a Florence y tiró la mochila al piso. Todo la trama, aún con final abierto, se desarrolló en menos de un mes.¿Por qué Florence, por qué te llamó la atención un chico de la calle?, es la pregunta.

“Esa pregunta me hace llorar -contesta-, y sólo me la han hecho los argentinos. En Lima, tú no ves gente viviendo en la calle. La gente pobre se dedica a la venta ambulante, vive en casitas precarias pero no duerme a la intemperie. Ariel me llamó la atención justamente porque estaba viviendo y durmiendo en la calle: algo le había pasado. Cuando aterricé en Argentina vi que aquí eso es común. Con todo respeto lo digo: me duele mucho que se hayan acostumbrado a eso”.

Anuncios
También podría gustarte