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Brote de confianza suicida en Cambiemos

Marcos Peña y Federico Salvai salieron en expedición punitivapor la comarca del PRO. Su objetivo fue bajar a tierra, en lo posible de modo amable y si no bajarlos igual, a los funcionarios y legisladores que salieron corriendo a transmitir a la propia tropa, y también a la prensa, la euforia por la partición en tres del voto peronista en la Provincia. Junto con eso, el pronóstico de un triunfo asegurado y sin sobresaltos en la elección de octubre. Como si fuera casi un trámite.

Cuando Fernanda Vallejos, primera candidata a diputada en la lista de Cristina, declaró que la corrupción kirchnerista era “una historia de los medios” y que el ex vice Amado Boudou es un “perseguido político” como Perón y Evita, Hipólito Yrigoyen, Néstor y Cristina, ese optimismo alcanzó niveles de irracionalidad importantes. Contra ese brote de confianza suicida salieron a vacunar, puertas adentro, los jefes de Gabinete de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal.

Lo que transmiten con empeño los jefes de campaña nacional y provincial es que la elección bonaerense está muy difícil. Que los números están mostrando un cabeza a cabeza cerrado contra Cristina. Es una verdad sostenida en encuestas y a la vez completa de modo conveniente la parábola de la polarización con que el Gobierno intenta condicionar la agenda de la campaña.

Altos funcionarios macristas no ahorran dramatismo. Dicen que“si me prometen que en octubre ganamos por un voto lo firmo ya”. O calculan que Cristina puede ganar las PASO y entonces “nosotros tendríamos que quedar muy cerca, porque de agosto a octubre tenemos de donde sumar votos y a ella le va a costar mucho más”.

Brote de confianza suicida en Cambiemos
El ministro y precandidato Esteban Bullrich toma la selfie. Gladys González, Vidal (semioculta) y Macri posan también junto a alumnos de la Universidad de Luján. Fue el viernes pasado.

 

El posible reacomodamiento de votos después de las PASO, en perjuicio de las fuerzas que no consigan entrar en el duelo binario central de la Provincia, es una hipótesis en avance creciente. Como toda hipótesis, todavía requiere una inequívoca demostración.

El secreto de toda elección radica en la capacidad de los candidatos para pescar votos más allá de su propio carozo electoral. Allí es donde el Gobierno se tiene confianza, apoyado en los dos triunfos consecutivos de Macri en la Capital y un tercero al hilo para ser Presidente.

La contracara es la penuria económica y social, que Cristina, Sergio Massa, Florencio Randazzo y cuanto opositor se precie ya eligieron como argumento de sus campañas. El bolsillo vota y en la Provincia vota dos veces. El Gobierno lo sabe y lo teme.

El proceso de instalación de los candidatos oficialistas empezó a marcha moderada. Esteban Bullrich y Gladys González, rivales directos de Cristina-Taiana y de Massa-Stolbizer, quizás necesiten más tiempo del que disponen para hacerse conocidos y amigables para el electorado. Por ahora los van testeando de a poco, viendo su desempeño en los medios y su empatía con la gente en las salidas proselitistas mal disfrazadas de actos de gestión.

Quieren darles rodaje hasta el 14 de julio, cuando empiece formalmente la campaña. Pero el dato para ese día es que Vidal entrará de lleno en la campaña. Es la carta más fuerte de Cambiemos en la Provincia, la única que puede pisar el Gran Buenos Aires sin generar alto nivel de rechazo.

Mientras tanto los ultra K les van dando algunas ayuditas. Lospiquetes violentos en el centro porteño y la seguidilla de escraches con que buscan intoxicar cada aparición pública del Presidente y la Gobernadora –el último fue el viernes, en Luján- llenan de gozo a los que ya están decididos a votar a Cristina. Pero esa metodología puede espantar al votante que permanece expectante, al que hay que conquistar para hacer la diferencia que permita ganar la elección.

El filósofo y ensayista Santiago Kovadloff, simpatizante crítico del Gobierno, lo definió con precisión en el canal TN el pasado jueves.“El Gobierno construye esperanza gracias a las amenazas del ultrakirchnerismo” dijo. Y agregó: “La credibilidad en el porvenir descansa, a favor del Gobierno, sobre la siembra del pasado”.

En el mismo sentido que esas exteriorizaciones violentas pueden operar las apariciones de personajes que ayudaron a la caída kirchnerista hace dos años, como Luis D’Elía, Guillermo Moreno y tantos otros. Y también declaraciones como las de la candidata Vallejos defendiendo a un sujeto como Boudou, merecedor de tanto repudio social que hasta Cristina optó por dejarlo afuera de su nueva criatura, Unidad Ciudadana.

Esos dichos revulsivos sin duda reflejan el sentimiento de la numerosa legión de cristinistas a ultranza. Son mensajes confirmatorios para los propios y convencidos. Que son muchos. Pero que no alcanzan.

Jaime Durán Barba, un provocador inteligente, declaró en tono de supuesto elogio que “al 28% que sigue a Cristina le parece muy bien la corrupción”. Le estaba hablando al 72% restante.

Como contracara Cristina, una topadora puesta en modo campaña –en eso sólo se le acerca Massa- empieza a desplegar sus actuaciones de Hada Buena, como en el acto de Sarandí rodeada de gente de carne y hueso, o el viernes pasado cuando se mostró hablando en redes sociales con un panadero que le canta canciones de amor. Hay que llegar a los que no están, de eso se trata una campaña que se pretenda ganadora.

Brote de confianza suicida en Cambiemos
El viernes, a través de Skype, Cristina habla con Gabriel, un hombre que “que amasa facturas con amor y con fe”. Es el panadero que le canta canciones de amor.

 

En la carrera a octubre el Gobierno confía que la visibilidad de la obra pública y una ligera mejora en la economía del bolsillo que sigue demorándose, conformen una de las dos vigas centrales de la campaña. La otra sería el fantasma del regreso de Cristina.

La base material sobre la que van a desarrollar su proselitismo es endeble. El INDEC ya informó que el poder de compra de los salarios cayó un 6% desde que Macri es presidente. La actividad económica dio un raquítico 0,6% de mejora en abril. Y el dato más alentador llegó desde la industria, con un repunte del 4,3% en mayo según FIEL.

La base política es otra cosa. Cambiemos enfrenta el mejor escenario posible, con el voto peronista fragmentado en tres ofertas. Desparejas entre sí, pero capaces de restarse unas a otras mientras el oficialismo va unificado. Es la ventaja de ser gobierno y estar sentado sobre los recursos y el poder del Estado, que es el vector político decisivo en un sistema institucional degradado como el nuestro.

Emilio Monzó, presidente de la Cámara de Diputados y conocedor sagaz de la Provincia, coincide con las preocupaciones de la Casa Rosada y la gobernación de Vidal. “Si Cristina está en 30 puntos con los bolsos de López y todo, no hay por qué esperar que se baje de allí”, señala.

Aunque no participa de las decisiones de campaña Monzó advierte, con mirada peronista, que Cristina blindó la Tercera Sección Electoral –sur del GBA- y puso allí a varios intendentes como candidatos testimoniales. Buscaría alcanzar de ese modo el 40% de los votos para sostenerse en el resto de la Provincia, donde su cosecha sería bastante menor.

Para Monzó, el rival en la búsqueda de votos es Massa. Porque Cristina tiene un núcleo propio muy sólido y en cambio “el voto de Massa es líquido, si crece nos va a afectar a nosotros”. Cree que ante una polarización irremediable Massa “va a intentar que en la avenida del medio quede Cambiemos” y colocarse él como rival directo de Cristina. No le será sencillo, pero quizás lo ayude el martilleo de su aliada Margarita Stolbizer sobre la ex Presidenta.

Brote de confianza suicida en Cambiemos
Elisa Carrió en un acto con vecinos de Barracas. Es la primera candidata de Cambiemos en la Capítal, pero ya juega fuerte en Provincia con críticas a Cristina Kirchner.

 

Demoledora denunciante de la corrupción de los Kirchner, Stolbizer llegó a decir, días atrás, que la situación judicial de Cristina puede definirse como “una víspera de cárcel”. Suena fuerte.

Para disputar la propiedad del discurso moral Cambiemos tiene a Lilita Carrió, que es candidata en Capital pero ya le está dedicando sus descargas más duras a Cristina. También está Graciela Ocaña, encabezando la lista de diputados en la Provincia.

Carrió tiene una capacidad de daño inigualable, ahora montada sobre sus mayores niveles de popularidad en más de dos décadas de carrera política nacional,

Los estrategas de Cambiemos preferirían evitar que sus candidatos entren en polémicas directas con Cristina. Es demasiado riesgo y los desenfocaría de la defensa de la gestión de Vidal en contraste con los años de gobierno de Daniel Scioli. Pero Carrió juega en otra liga y no es controlable por nadie que no sea Macri. Toda esa parafernalia, compleja y aleatoria, ya entró en juego.

Vidal confía en que, más allá de la coyuntura social tan difícil, los bonaerenses van a mantener el impulso de hace dos años. Según ella, el triunfo de 2015 no fue sólo por el voto contra el kirchnerismo sino “por la voluntad profunda de cambiar un sistema que gobernó treinta años en la Provincia y la dejó quebrada y con el Estado destruido”. Por eso en su equipo sostienen que “el cambio de página se tiene que completar ahora”.

Es una manera de expresar a la vez la esperanza y lo precario del momento.

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